
S.Calleja
Madrid 10 de Agosto.
Un conocido mío que es oficial del Ejército tiene la costumbre de rebatir mis comentarios sobre el clima. Cuando menciono el calor en Toledo o Madrid, afirma: "El calor o el frío son solo sensaciones de civiles ". Lo expresa de manera objetiva. Aunque me hace gracia, también me incomoda. En esencia, su comentario sugiere que el clima no admite quejas, sino que requiere adaptación. Así han transcurrido casi dos semanas en la península, con temperaturas alcanzando hasta 42,5 °C en lugares como Toledo, Madrid, Talavera, Oropesa y varios puntos de la capital. A pesar de ello, no se ha activado ningún plan de emergencia para restringir actividades al aire libre, simplemente se sobrelleva cerrando ventanas y disfrutando de cerveza fría, principalmente Mahou. Las cañas se sirven rápidamente, pero sin que nadie las solicite con urgencia.
Mientras tanto, en Lanzarote, se ha emitido una alerta roja, lo que llevó al Cabildo a implementar restricciones en las actividades al aire libre de 11 a 19 horas. Se han establecido medidas como mantenerse hidratado, evitar comidas pesadas y no dejar mascotas en vehículos. Todo con la seriedad de un comunicado oficial en tiempos de crisis. Además, el calor ha afectado eventos como el mercadillo dominical de Teguise, el mercado artesanal de Haría, las actividades en Yaiza y parte de las festividades del Carmen en Tías, convirtiendo al sol en un censor de la vida social. Se ha creado una suerte de estado de excepción climático donde incluso comprar queso de cabra al aire libre se ha vuelto imposible, todo por el bien colectivo , como si fueramos simplones.
No pretendo restar importancia a la situación. Sin embargo, la forma en que se afronta el calor difiere notablemente: en Lanzarote, es un asunto de gran relevancia institucional, mientras que en Madrid o Toledo, es algo cotidiano que se enfrenta con toldos, abanicos y quejas susurradas en los bares, como si cada trago fuera un acto de resistencia civil. Entre estos enfoques contrastantes, persiste en mi memoria la observación de mi amigo: una cuestión para personas civiles.

Pejeverde

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Foto Facebook Psoe Lanzarte
S.Calleja
Dicen que una imagen buena , es buena para el que la utiliza; en el PSOE la han tomado al pie de la letra. Bastó la foto de una joven —Paulina, quizá lanzaroteña, quizá turista con bronceado insular— sujetando un cartel de bienvenida a Pedro Sánchez para que las redes oficiales del PSOE y, por supuesto, el perfil personal de Dolores Corujo lanzaran cohetes virtuales. Qué menos: en tiempos de aplausos escasos, un gesto amable se celebra como si hubiese bajado la Virgen de las Nieves.
Nada que objetar a la protagonista, faltaría más. Rotuladores, hashtags y una sonrisa franca: suficiente para recordar que la hospitalidad se practica, no se legisla. Ella no gritó, no insultó, no “protestó contra los odiadores”, como le gusta calificar al PSOE de nuestra isla contra aquellos que no piensan igual. Simplemente saludó. Ese detalle, tan sencillo, vale más que mil tuits indignados.
La euforia socialista, en cambio, no parece justificada ¿no creen? o sí, viendo como está el patio politico. Presumir de “apoyo popular” con una pancarta es como vender un concierto lleno con la foto de "Chanito", el técnico de sonido en mitad del estadio disfrutando de la música. Quizá convendría revisar la estrategia: si de verdad el presidente concita simpatías masivas, lo lógico sería un cordón humano de seguidores coreando bajo el sol de agosto, no una sola muchacha frente al palmeral.
Pero las estadísticas son cabezudas… y el silencio del público, también. Lanzarote nunca fue Isla de vítores. Aquí pasaron reyes, estrellas del pop y magnates sin que se moviera una ceja. Pretender convertir esa calma ancestral en plebiscito de hashtags es, cuando menos, optimista.
Hace unas semanas, la presidenta insular del PP intentó bautizar a Sánchez con la etiqueta de persona non grata. La ocurrencia se disolvió como espuma —ni competencia legal ni respaldo social— y quedó en anécdota. Ahora el PSOE estrena la coreografía inversa: elevar al Olimpo al primer cartel amable que encuentran. Al final, lo uno y lo otro se neutralizan y la isla sigue igual: apática, volcánica, libre de hooligans ideológicos.
Tal vez el mejor final lo ponga el propio presidente. Nada de recepciones solemnes: un gesto sencillo, a la altura del cartel. Bastaría invitar a Paulina a pasar un rato en el jardín de La Mareta y ofrecerle lo que haya en la nevera: una Coca-Cola, un Clipper de fresa o un cortado largo de leche condensada. Así el relato se completa y, de paso, el PSOE evita que la foto parezca el parche que tapa una pared agrietada.
Mientras tanto, cada cual a lo suyo: Paulina con su pancarta, la oposición con sus tracas fallidas y el PSOE celebrando su propia efusividad. Lanzarote, imperturbable, contemplará la escena y volverá a su silencio acostumbrado. Porque aquí los aplausos no se mendigan; se merecen.

Pejeverde
El Cabildo de Lanzarote dio la bienvenida este jueves a los ocho menores saharauis que participan este verano en el programa ‘Vacaciones en Paz’. La iniciativa permite a niños y niñas procedentes de los campamentos de refugiados de Tinduf disfrutar durante dos meses de un entorno seguro y acogedor, lejos de las duras condiciones del desierto argelino.
La recepción institucional tuvo lugar en la sede de Presidencia del Cabildo y contó con la presencia de la vicepresidenta insular, María Jesús Tovar, el consejero de Bienestar Social e Inclusión, Marci Acuña, y el representante de la Delegación Saharaui, Alisalem Sidi Zein.
En esta edición participan siete niños y una niña, de entre 10 y 11 años, acogidos por familias voluntarias de la isla. Tres de ellos vivirán su última experiencia en el programa, al alcanzar el límite de cuatro años consecutivos de participación, lo que permitirá la entrada de nuevos menores en futuras convocatorias.
“Es un orgullo poder ofrecerles la oportunidad de disfrutar del verano en un entorno seguro, familiar y con acceso a la atención médica que necesitan”, señaló la vicepresidenta María Jesús Tovar, quien agradeció expresamente el compromiso de las familias acogedoras y las asociaciones implicadas.
Por su parte, Marci Acuña remarcó el valor solidario de esta iniciativa. “Este programa refleja el compromiso de la comunidad lanzaroteña con esta causa, y desde la Corporación insular se seguirá apoyando año tras año”, afirmó. El consejero también subrayó el impacto positivo de esta estancia: “El pueblo saharaui lleva 50 años resistiendo con dignidad en condiciones muy duras y los niños y niñas son quienes más sufren. Gracias a esta iniciativa podemos brindarles una mejora significativa en su calidad de vida”.
Durante su estancia en Lanzarote, los menores participarán en actividades lúdicas y culturales junto a sus familias de acogida, además de someterse a revisiones médicas para evaluar su estado de salud. También tendrán oportunidad de mejorar su nivel de español, segunda lengua en el Sáhara Occidental, lo que añade un componente educativo a esta experiencia vital.
El delegado saharaui, Alisalem Sidi Zein, recordó que “este programa ofrece a los menores un respiro de las duras condiciones climatológicas de los campamentos, donde las temperaturas pueden superar los 49, e incluso 50 grados centígrados”. Agradeció asimismo el apoyo del Cabildo y expresó el deseo de que en futuras ediciones se pueda ampliar el número de niños participantes.
‘Vacaciones en Paz’ es una de las acciones solidarias más consolidadas entre Canarias y el Sáhara Occidental, sustentada en la implicación directa de las familias isleñas, que hacen posible, verano tras verano, una experiencia profundamente transformadora para ambas partes.
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