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Los Jameos del Agua se convertirán el próximo 12 de marzo en el epicentro del debate sobre el futuro de los territorios insulares con la celebración de la segunda edición del iBlue Congress-Blue Islands Innovation Summit. Este foro internacional reunirá a representantes institucionales, empresas tecnológicas, científicos y expertos procedentes de diversas islas del Caribe, el Mediterráneo y el Pacífico.

El objetivo principal de este encuentro es consolidar a Lanzarote como un espacio de referencia para la reflexión sobre la economía azul. La agenda de trabajo está diseñada para conectar turismo, ciencia, tecnología y sostenibilidad, buscando soluciones conjuntas a los retos específicos que comparten los territorios limitados y rodeados de mar.

Durante el congreso se abordarán cuestiones tecnológicas de máxima actualidad aplicadas a la gestión turística y territorial. Entre los temas centrales destacan el uso de la inteligencia artificial, la implantación de gemelos digitales, la economía circular, el uso de datos para la toma de decisiones y la gobernanza sostenible de ecosistemas frágiles.

El presidente del Cabildo, Oswaldo Betancort, ha puesto en valor la elección de la isla para este encuentro, señalando que la trayectoria de Lanzarote en materia de sostenibilidad y planificación la convierte en un lugar idóneo para impulsar modelos más equilibrados y resilientes. En la misma línea, el consejero delegado de SPEL-Turismo Lanzarote, Héctor Fernández, ha destacado que el congreso refuerza el posicionamiento de la isla como "laboratorio de innovación turística" hacia un modelo más inteligente y competitivo.

El evento, promovido por el Cabildo con el apoyo de Turismo Lanzarote y los Centros de Arte, Cultura y Turismo (CACT), contará además con la participación de la divulgadora científica Odile Rodríguez de la Fuente. Como invitada especial, aportará su visión sobre la conservación de los ecosistemas y la necesidad de alinear la actividad turística con la protección del patrimonio natural insular.

 

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Lanzarote, 6 de marzo de 2026. La gestión de la crisis en el Centro Sociosanitario de Tías, operado por la empresa Amavir, ha dejado una secuencia de hechos inusual en la comunicación oficial del Cabildo de Lanzarote. En apenas unas horas durante la jornada de ayer, la institución insular emitió dos mensajes que evidencian la tensión sobre el estado real del servicio asistencial, desembocando en una reunión de urgencia fijada para este mismo viernes.

La mañana del jueves comenzó con una comparecencia pública del consejero de Bienestar Social, Marci Acuña, acompañado de la técnica insular Daisy Villalba. El objetivo era desmentir categóricamente las acusaciones de "extrema gravedad" lanzadas por el PSOE días atrás. Acuña garantizó la tranquilidad a las familias, aseguró que "no existe en ningún caso situación de abandono" y calificó la actitud de la oposición de "irresponsable". En el plano político, el Cabildo recordó que las deficiencias del servicio son históricas y que fue precisamente el anterior gobierno socialista (2019-2023) el que eliminó la Unidad de Supervisión, un órgano recuperado por el actual equipo en 2023 para fiscalizar los contratos.

Sin embargo, el escenario cambió radicalmente al mediodía. Apenas unas horas después de pedir calma, el área de Bienestar Social emitía un segundo comunicado, esta vez para anunciar que había acudido a la Guardia Civil. El motivo: la institución acababa de tener conocimiento de la existencia de vídeos presuntamente grabados de forma ilegal a los usuarios dentro de los centros sociosanitarios. El Cabildo argumenta que tuvo acceso a este material "justo después de la rueda de prensa" y ha pedido a las autoridades que investiguen la posible comisión de delitos graves ante la vulneración de los derechos de personas dependientes.

Esta sucesión de comunicados sitúa el debate en un punto crítico hoy viernes. Más allá de la guerra política y de la investigación de la Guardia Civil sobre la autoría de las grabaciones, la realidad es que el presidente del Cabildo, Oswaldo Betancort, mantiene hoy un encuentro en Lanzarote con la dirección estatal de Amavir. El objetivo oficial de la cita es analizar en profundidad las deficiencias históricas del centro de Tías y buscar soluciones concretas para garantizar que el contrato de gestión se cumple en todos sus términos.

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A través de un comunicado, la formación canarista rechaza frontalmente el modelo de "macroresidencias" por el que, a su juicio, apuesta Coalición Canaria (CC). Según Caraballo, estas grandes infraestructuras no son más que "almacenes de personas" que responden a una lógica de gestión masiva y, veladamente, de negocio privado, alejándose del bienestar emocional de los mayores.

La propuesta de NC es, sobre el papel, intachable y profundamente humanista. Piden importar los modelos de Países Bajos, Dinamarca o Suecia, basados en pequeñas unidades de convivencia integradas en los barrios. Caraballo pone como ejemplo el proyecto Hogeweyk (Holanda), un barrio simulado donde los pacientes con demencia viven con libertad de movimiento en un entorno cotidiano. Es el sueño de cualquier sociedad avanzada: cuidados que se parezcan lo máximo posible a la vida en casa.

Sin embargo, someter esta propuesta a la prueba del algodón de la hemeroteca y la realidad insular arroja sombras insalvables. La primera es la coherencia interna: hace apenas dos días, el propio Caraballo se erigía como el gran defensor del Hospital Insular, resistiéndose a su desalojo y alabando su modelo de cuidados. ¿Acaso el Hospital Insular, con su estructura centralizada y masiva, no encaja exactamente en la definición de la "macroresidencia" que hoy repudia?

La segunda sombra es puramente material. Plantear el costoso y exquisito modelo escandinavo en una isla donde —como se denunció ayer mismo— hay residencias públicas en las que los ancianos duermen entre colchas por falta de sábanas y donde una sola enfermera atiende a 40 pacientes, roza la ciencia ficción política. Abrir el debate sobre la dignidad en la vejez es una obligación moral, pero importar catálogos de bienestar nórdico sin explicar de dónde saldrá el presupuesto autonómico para sostenerlos es, sencillamente, empezar la casa por el tejado.

Foto en ITB Berlín 2026, Graciliano y Pedro Hernández

S.Calleja

Berlín, 5 de marzo de 2026. Las ferias de turismo suelen medirse por los millones de euros en contratos o por el número de reuniones a puerta cerrada, pero la verdadera radiografía de la ITB de Berlín la tienen quienes llevan décadas observando su evolución desde la primera línea. En esta tercera jornada, Elpejeverde.com ha cruzado los caminos de dos veteranos incombustibles: el profesor Pedro Hernández, con 30 años de asistencia a sus espaldas junto a los alumnos de la Escuela Universitaria de Turismo de Lanzarote, y Graciliano, el clásico maestro de los zumos naturales del pabellón de Canarias, que suma 35 ediciones.

 

Para Hernández, la ITB no es un escaparate, es "el mejor aula de conocimiento" posible. Ante un fenómeno tan transversal como el turismo, el docente tiene claro que la teoría en la pizarra no basta; hay que palpar la "dinámica turística mundial" donde realmente se concentra. El resultado de estas tres décadas de trabajo de campo es innegable: aquellos chicos y chicas que en los años noventa paseaban intimidados por los pabellones alemanes hoy ocupan cargos en la alta dirección del sector. Graciliano, que los ha visto pasar a todos desde su mostrador, lo confirma, definiendo a esos alumnos como "la madera de profesión en Canarias".

 

La conversación también ha dejado espacio para la crítica al sistema educativo. Hernández señala cómo la implantación del Plan de Bolonia, al situar los exámenes en enero, hizo "imposible" la asistencia a ferias clave de invierno, dejando a Berlín como el gran refugio formativo. Al pedirles un veredicto sobre cuál es la mejor feria del circuito internacional, no hay titubeos.

 

A pesar del incesante periplo de Graciliano —que viene de Londres y Fitur, y se encamina a Barcelona, Polonia y Chequia—, la respuesta es unánime. "Berlín ist mein... Berlín es mi casa", sentencia Graciliano. Por capacidad de organización y peso específico, la capital alemana sigue siendo la reina indiscutible. Y este año, para colmo de los contrastes, los ha recibido con unos inusuales 16 grados, dejando el habitual hielo prusiano como una mera anécdota.

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El Castillo de San José estrena carta. Tras seis meses de pruebas en los fogones, el consejero de los CACT, Ángel Vázquez, ha presentado una propuesta gastronómica que busca elevar el nivel del restaurante ubicado en la bahía de Naos. Las imágenes distribuidas —como el cuidado emplatado de la Ensalada de 3 tomates o el Cremoso de papa— muestran un innegable salto cualitativo hacia lo que la entidad define como "alta cocina de autor".

 

Sin embargo, el relato político tropieza ligeramente con la carta. El discurso oficial insiste en que la propuesta se basa en el "producto local de calidad" y que refleja "qué somos como isla". Una declaración de intenciones que choca al leer las primeras líneas del menú: Croquetas de jamón ibérico, Cremoso de papa con pulpo a la gallega o Raviolis de merluza. Aunque hay guiños innegables al recetario canario, como la Gilda de cherne o el atún en salsa teriyaki, vender un discurso de estricta identidad insular cuando tus platos principales miran a la península es un ejercicio de funambulismo dialéctico.

 

En el apartado financiero, el Castillo saca pecho: cerró 2025 con unos ingresos de 672.282,71 euros, un crecimiento del 13,9% respecto al año anterior. Es un dato positivo que apuntala su reciente nominación en los premios Qué Bueno Canarias. No obstante, la hemeroteca de los Centros Turísticos nos obliga a ser cautos: históricamente, el área de restauración ha sido el agujero negro de la rentabilidad de la empresa pública. Aumentar la facturación es el primer paso, pero el verdadero éxito no se medirá en los premios de cocina moderna, sino en demostrar que esta apuesta por la "excelencia" no le está costando dinero al contribuyente lanzaroteño.