Policía de paisano entre mascaritas: La caza del alcohol para menores pone en guardia a los ventorrillos de la capital

El despliegue policial que custodia el Carnaval de Arrecife desde la sombra.
Pejeverde
Arrecife está en la calle, y donde hay fiesta, hay riesgo. Hasta el 18 de febrero, el Entierro de la Sardina marcará el fin de unas celebraciones donde el Ayuntamiento ha decidido subir la apuesta por la seguridad. Pero esta vez no solo vemos uniformes patrullando el Charco o la zona del Recinto Ferial; la novedad está en lo que no se ve.
Los Agentes Tutores, integrados en la Unidad de Menores y Familia (UMEF), han tomado las calles "de paisano". Su misión es clara: evitar que los ventorrillos y chiringuitos hagan caja a costa de la salud de nuestros chinijos vendiéndoles alcohol. Es una jugada estratégica del alcalde Yonathan de León (PP), quien como responsable directo del cuerpo, sabe que la foto del Carnaval no puede verse empañada por el descontrol juvenil.
La medalla del Ayuntamiento y la realidad del despliegue Arrecife saca pecho —y con razón técnica— de ser el único municipio de la provincia de Las Palmas que cuenta con la figura del Agente Tutor dentro de una unidad reforzada. Es un punto a favor en la gestión del PP, que ha sabido leer la necesidad de una policía más social y preventiva en una ciudad que crece a ritmo de vértigo.
Sin embargo, el análisis debe ir más allá:
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Prevención vs. Recaudación: La vigilancia de paisano busca el cumplimiento estricto de la normativa. Habrá que ver si esto se traduce en sanciones reales para los locales que incumplen o si se queda en una medida disuasoria de "cara a la galería".
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Presión sobre los ventorrillos: Los pequeños negocios y chiringuitos temporales están bajo el foco. La seguridad es innegociable, pero la gestión política debe asegurar que el control sea igual para todos, desde el ventorrillo de barrio hasta los locales más potentes de la capital.
La intención es buena y el despliegue necesario. Ahora falta que, tras el miércoles de ceniza, las cifras nos digan si la UMEF ha sido el escudo que nuestros menores necesitaban o si el alcohol volvió a colarse por las rendijas de la fiesta.