jueves, 29 enero 2026

Del bullicio de Londres a la paz de Lanzarote: La historia de un contable en Canary Wharf

Foto. Barrio de Woking. Afueras de Londres centro

Woking/Londres. S.Calleja

Era una típica mañana de noviembre londinense, con la bruma y la lluvia diluyéndose con calma entre los edificios que se alzan desafiantes contra el cielo gris. La metrópoli despertaba con su ritmo frenético. Un contable de Canary Wharf despertaba muy temprano en el extrarradio de la ciudad a unas dos horas de su trabajo. En su rutina, entre el sonido metálico del tren y el bullicio de la ciudad, hallaba la calma recordando el cálido abrazo del sol sobre las playas de Puerto del Carmen y Costa Teguise.

 

 

Bianca y su marido,  asentados en el barrio londinense de Woking, y vecinos de nuestro protagonista, nos  habían abierto las puertas de su hogar  para esta entrevista que realizamos a nuestro amigo contable. Su residencia era una muestra de orden y serenidad, contrastando con la caótica belleza de Londres. En la habitación de Mateo, el hijo de de los géneros  y donde pasamos tres gratos días mientras él se desplazaba obligado a la habitación de sus padres, se respiraba  inocencia y  tranquilidad. 

 

 

Nuestro entrevistado quien diariamente intercambia el confort de su vecindario por el ajetreo de Canary Wharf, nos cuenta cómo su labor en el distrito financiero está impregnada de la historia que une a las Islas Canarias con este enclave. Antaño, Canary Wharf era el punto de partida de los barcos que comerciaban con las islas, llevando consigo vinos y frutas, y trayendo de vuelta exóticas cargas de plátanos y tomates. "Es un recordatorio constante de mi destino vacacional en verano", menciona con un deje de melancolía.

 

 

 

Pero este año, la WTM de 2023 le brindó  un encuentro inesperado con su destino. A unas pocas paradas de metro, en el corazón de la capital británica, Lanzarote se había hecho presente. El estand de Canarias era un oasis de colores vibrantes, imágenes de playas prístinas y folletos que prometían escapar del ritmo implacable de la vida urbana.

Al adentrarse en ese espacio junto a nosotros,  sintió cómo el alma le danzaba al ritmo de la brisa isleña. Cada conversación con los representantes de la feria era un puente hacia su isla, un bálsamo para el espíritu. Hablaba con ellos no solo como un profesional sino como un inglés de la tierra volcánica, alguien que conocía de primera mano el valor terapéutico de sus playas y su clima perpetuamente primaveral.

 

 

En sus ojos brillaba el reflejo de un mar que llevaba años sin surcar. Su testimonio, el de un británico en la inmensidad londinense, era la mejor publicidad que Lanzarote podía desear: el anhelo palpable de un turista que veía en nuestra isla  el remanso perfecto para despejarse del estrés urbano.

 

Al concluir la entrevista,  nos confirma con emoción que Lanzarote no era solo un destino turístico, sino un refugio para el alma. Un lugar donde cada visitante podría encontrar su propia versión de paz y rejuvenecimiento. "Es sin duda un destino ideal", concluye con una sonrisa que evoca el cariño hacia un destino.

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