Desplome en Lanzarote: la oferta de viviendas en alquiler tras nueva ley de vivienda estatal

PJ
En el complicado tablero de la política habitacional, la Ley de Vivienda promovida por el gobierno de coalición de Pedro Sánchez, pretendía ser la jugada maestra que necesitaba el país para asegurar el acceso a la vivienda digna y asequible. Sin embargo, después de cinco meses de su entrada en vigor, el saldo inicial es más bien desalentador. En este escenario, las Islas Canarias emergen como el epítome del desajuste entre las intenciones legislativas y la realidad del mercado inmobiliario.
El estudio de la Federación Nacional de Asociaciones Inmobiliarias (FAI), apoyándose en los datos de la Asociación Canaria de Empresas de Gestión Inmobiliaria (Acegi), no deja lugar a dudas: hay una disminución alarmante en la oferta de alquiler y un incremento en los precios que desafían cualquier pronóstico optimista.
La ambiciosa normativa, que llegaba con la promesa de frenar la escalada de precios y aumentar el parque de viviendas en alquiler, parece haber generado el efecto contrario en el archipiélago. La oferta de viviendas en alquiler ha experimentado un desplome cercano al 40% en Canarias, una cifra que duplica los medios nacionales. Un descenso de tal magnitud que evidencia la distancia entre las medidas adoptadas y las necesidades del sector.
Mientras los objetivos de la ley se diluyen como castillos en la arena, los ciudadanos y las empresas inmobiliarias canarias se enfrentan a una tormenta perfecta: incremento de los precios y escasez de opciones habitacionales. Las restricciones y controles de precios introducidos, lejos de equilibrar la balanza, parecen haber espantado a los propietarios, que ahora dudan entre alquilar sus propiedades o derivarlas hacia el mercado turístico, más lucrativo y menos regulado.
Lanzarote, con su singular paisaje volcánico y su atractivo turístico, se ha convertido en el triste ejemplo de esta situación. La isla, que debía ser beneficiaria de las políticas de protección, observa cómo las viviendas se evaporan del mercado residencial para engrosar las filas de las ofertas vacacionales. Los lanzaroteños se encuentran en un limbo, incapaces de competir económicamente con el turismo y sin una oferta de vivienda que satisfaga las necesidades más básicas.
Las urgencias son necesarias y los ojos están puestos en el Gobierno para que reajuste su estrategia y ofrezca medidas tangibles. Canarias, con su clima envidiable y sus paisajes de postal, no debería convertirse en sinónimo de una crisis habitacional que la Ley de Vivienda prometía aliviar, pero que hasta la fecha, solo ha exacerbado.