Los adolescentes pueden manejar armas en Canarias, pero no votar: ¿Dónde está el límite?

Foto de Ecologistas en Acción
PJ
El inicio de la veda de caza en Canarias nos brinda una ocasión idónea para meditar sobre los efectos negativos que tiene la práctica cinegética en distintos ámbitos de nuestra sociedad. Ecologistas en Acción ha decidido aprovechar este momento para exponer las consecuencias que esta actividad ancestral tiene sobre el medio ambiente, el paisaje y, no menos importante, la salud humana.
Lanzarote, con su rica historia y tradiciones, mantiene viva la práctica de la caza, recordándonos a tiempos en los que cazar era vital para la subsistencia humana. Sin embargo, en la actualidad, la caza ha evolucionado en muchos aspectos, pero no siempre de la manera más beneficiosa para nuestro entorno.
Una de las mayores preocupaciones es la falta de educación y formación entre aquellos que practican la caza. Muchos cazadores no son conscientes de los peligros que conlleva, cuentos como el derrame de plomo, que tiene graves consecuencias para la salud humana y el ambiente. Además, no solo son los animales quienes pagan el precio. Nuestro patrimonio, como las paredes de piedra seca -declaradas Patrimonio de la Humanidad- también sufre por acciones imprudentes durante la caza.
Otro asunto alarmante es la amenaza que representa para algunas especies, tanto animales como vegetales. Es paradójico que, mientras se cazan animales como el conejo para controlar su población, especies en peligro de extinción como el corredor sahariano y la hubara se ven amenazadas por acciones indirectas relacionadas con la caza, como el abandono de perros que luego atacan a estas especies. vulnerables.
La intoxicación por plomo es un problema creciente y alarmante. Aquellos animales que no sucumben a las balas a menudo mueren por la ingestión de plomo, y esta contaminación, a su vez, se propaga por la cadena alimentaria. Además, las personas que consumen carne de animales cazados están expuestas a los peligros del plomo, un riesgo grave para la salud.
Para concluir, cabe señalar el impacto humano directo y cómo nuestra sociedad parece tener dobles estándares. Es desconcertante que en Canarias un adolescente de 14 o 15 años pueda manejar un arma de fuego, pero no tenga derecho a votar o conducir.