viernes, 30 enero 2026

Fiestas en la Playa del Reducto: Más allá de la crítica purista

Foto. Elpejeverde.com. Playa del Reducto este 25 de agosto

S.Calleja

 

Ah, la Playa del Reducto en Arrecife. Cuantos años bajos los pies de miles de conejeros. Durante más de medio siglo, quienes hemos tenido la fortuna de vivir cerca de ella hemos sido testigos de su notable abandono. No sólo por parte de las instituciones, que parecían haber olvidado  su potencial y  su valor intrínseco, sino también por parte de la propia sociedad de Lanzarote y de Arrecife en particular. Muchos la miraban de manera despectiva, minimizándola por sus dimensiones más modestas, por la calidad percibida de su arena y por su incomodidad a la hora de tomar un baño. Era como si esta playa, en lugar de ser un tesoro natural, se hubiera convertido en el patito feo de la isla.

Sin embargo, con el paso de los años, hemos sido testigos de un cambio gradual pero constante en la percepción y cuidado de la Playa del Reducto. Las mejoras, aunque lentas, han comenzado a florecer. Poco a poco, las infraestructuras alrededor se han ido renovando, y la arena ha sido objeto de cuidados que han mejorado su aspecto y calidad. Pero más allá de lo físico, parece que el cambio más profundo ha sido en la mentalidad de la comunidad.

 No es solo un enclave de singular belleza y biodiversidad en el Archipiélago Canario, sino también un espacio donde conviven las tradiciones, la cultura y el esparcimiento. Los recientes festejos de San Ginés, culminando con un vibrante concierto de "Gente de Zona", nos recuerdan la vitalidad y el espíritu comunitario que pueden ser alimentados en estos espacios.

Ahora, claro está que siempre habrá críticos. Aquellos que, citando con pasión la Ordenanza del Uso y Gestión del Litoral de Arrecife, defienden la integridad de nuestro litoral y la preservación de especies como la "Zostera noltei". Y tienen razón. Nuestra costa es un tesoro, un ecosistema delicado que merece protección y respeto. No obstante, esta preocupación ecológica no debe ser una razón para oponerse sistemáticamente a cualquier actividad humana en la playa.

Lo que los puristas, aquellos fervientes defensores del "no a todo", no comprenden es que las ciudades, las playas, los espacios públicos, cobran vida gracias a la interacción de sus habitantes. Están diseñados para ser utilizados, vividos y disfrutados. Y sí, las fiestas en la playa, con toda la alegría y vibración que aportan, son una expresión genuina de esa vivencia.

Ahora bien, la responsabilidad es la clave. La Ordenanza que citan los críticos, es una herramienta que nos recuerda nuestra obligación de cuidar, preservar y respetar. Establece directrices claras, como no arrojar residuos o no acceder con envases de vidrio. Y estas son vitales, no para prohibir la celebración, sino para guiarla, para asegurar que nuestras fiestas no dañen el entorno que tanto amamos.

El ayuntamiento tiene, sin duda, la capacidad de regenerar el lugar una vez que los actos festivos concluyen. Además, los residentes y visitantes también tienen un papel crucial: el de ser ciudadanos responsables, cuidando y respetando el espacio mientras lo disfrutan.

 No se trata de elegir entre proteger la naturaleza o vivir plenamente nuestras tradiciones. Se trata de encontrar un equilibrio, de entender que la Playa del Reducto puede ser, simultáneamente, un santuario natural y un escenario de celebración. Así que, a los críticos, les dirían con una sonrisa: "Relájense y disfruten de los actos. Y al final, ayuden a limpiar. Juntos podemos cuidar de nuestro litoral mientras celebramos lo que nos hace únicos".

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