sábado, 31 enero 2026

Corujo se despide con agresividad y resentimiento: Un final poco digno para una presidenta del Cabildo

Corujo ayer. Foto. El Pejeverde

S.Calleja

El traspaso de poderes siempre debe estar marcado por la cortesía política, el respeto y la humildad. Sin embargo, la reciente despedida de la ex presidenta del Cabildo de Lanzarote, Dolores Corujo, mostró un rostro diferente, un rostro que desdibuja la línea entre la crítica política y el ataque personal, y que, lejos de favorecer el debate democrático, lo envenena .

No hay duda de que Corujo ha tenido sus altibajos durante su presidencia. Ha enfrentado desafíos y ha intentado manejarlos de la mejor manera posible, pero su despedida en el salón de actos, marcada por la tensión y la acritud, surge una obsesión hasta el último minuto por su derrota que resulta poco constructiva.

Su decisión de arremeter contra los medios y su oponente, Pedro San Ginés de Coalición Canaria, en lugar de aprovechar la oportunidad para reflexionar sobre su mandato y dar un mensaje de unidad, fue decepcionante. Sus palabras parecían más enfocadas en la venganza personal que en el bienestar del Cabildo y de los ciudadanos a los que se supone debe servir.

Su discurso, lejos de invitar a la autocrítica y al compromiso con la mejora, se convirtió en una amarga despedida que no dejó a nadie indiferente. Las caras de Isidro (Alcalde de San Bartolomé) y Alfredo Villalba (alcalde de Haría) fueron un reflejo de la incomodidad general, y las expresiones de sus fieles de Arrecife asintiendo parecían más bien la respuesta automática de miembros de una secta que la reacción de políticos conscientes.

En particular, el estado de Benjamín Perdomo fue revelador. La derrota de su líder pareció golpearlo con una fuerza que casi le arrancó las lágrimas, una reacción que nos habla más de lealtades personales que de compromisos políticos.

 

En cambio, la intervención de Jacobo Medina y la del nuevo presidente, Oswaldo Betancort, fueron más en línea con lo que uno esperaría en tal ocasión: discursos pensados, maduros y conscientes de la responsabilidad que conlleva dirigir el Cabildo. Y sí, hasta el "viva España" de Vox al final, en un discurso moderado, sonaba más agradable en comparación con la retórica desbordada de Corujo.

Lo que debería haber sido un acto de despedida respetuosa y humilde se convirtió en un escenario de amargura y divisiones. La política puede y debe ser mejor que esto. Los ciudadanos de Lanzarote merecen líderes que, incluso en la derrota, se comportan con dignidad y respeto. Porque al final del día, la política no trata de ganar o perder

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