
Puente de madera que une La Fermina con Arrecife
S Calleja
Querido Jacobo, con todos mis respetos:
Existe una expresión latina que viene al pelo: Verba volant, opera manent. Las palabras vuelan, las obras permanecen. Y tú, querido consejero, solo tienes palabras. Muchas palabras. Demasiadas palabras. Pero pocas obras. Muy pocas obras. Casi ninguna obra.
Tu último artículo de opinión —ese ejercicio de autobombo difuso que tuvimos el gusto de leer ayer— es la prueba definitiva de que has perdido el norte. O peor aún: que vas ciego. Debes tener cuidado, Jacobo, porque con tonterías como esa pueden llegar a calificarte de charlatán.
Porque hay que recordarlo: tú fuiste una de las grandes promesas del Partido Popular en Lanzarote. FUISTE. Pasado. Porque has sido tú mismo quien se ha quemado a base de, como dicen los andaluces, rodearte de malajes (que no sé si es con g o con j).
Los griegos tenían una palabra para tipos como tú: σοφιστής (sophistēs). El sofista. El que domina el arte de la palabra hueca. El que vende humo con elegancia. El que convence sin construir. El que promete sin cumplir.
Y eso es lo que eres, Jacobo: un sofista de ínsula. Un vendedor de promesas de carreteras que nunca se arreglan, de obras que nunca llegan, de proyectos que solo existen en PowerPoints y notas de prensa.
Escribes: "Quienes hoy alzan la voz para criticar tuvieron la oportunidad de actuar y no lo hicieron".
Permíteme una sonrisita, muy ligera.
Tú, Jacobo. TÚ. El consejero de Obras Públicas que menos ejecuta del Cabildo. TÚ. El que lleva años prometiendo arreglar carreteras que siguen hechas una mierda. TÚ. El que sale con hipérboles cada vez que hay un micrófono cerca pero desaparece cuando toca coger una pala.
TÚ te atreves a criticar a "los que no hicieron".
El atrevimiento tiene límites, Jacobo. Incluso en política. Y tú acabas de sobrepasarlos todos.
El puente de madera: cuando has quemado todos los pasos
Hace unos días te vimos almorzando con Yonathan de León, Óscar Luzardo, Pancho Hernández, Ramón Melián, Aroa Pérez... y con Saray Rodríguez.
Con Saray Rodríguez!!!!
Permíteme una leve sonrisa, Jacobo. ¿Saray? ¿En serio? Solo te faltó invitar a Jonás Álvarez y a Dácil Garcías, a las que tú mismo, junto a Astrid, ninguneabas sin piedad cuando gobernabas con Dolores Corujo.
Y ahora mira. Ahora es Astrid quien te ningunea a ti.
¡Cómo es la vida!
Hay un puente de madera en Arrecife que une La Fermina con Arrecife. Las aguas están tranquilas, las tablas parecen firmes, todo parece en calma. Pero, Jacobo, tú ya quemaste todos tus puentes. No hay madera que aguante el peso de tus promesas. No hay tabla que no cruja bajo tus pies. Y las aguas tranquilas engañan: debajo hay corrientes que arrastran.
Intentas cruzar de vuelta. Intentas tender puentes con quienes antes despreciabas. Pero la madera está podrida, Jacobo. Y el puente se hunde.

Tu artículo de opinión es un ejercicio de masturbación intelectual. Criticas sin nombres. Acusas sin pruebas. Prometes sin fechas concretas más allá de un vago "junio" que nadie se cree.
"Mucho ruido pero ninguna propuesta", dices de tus críticos.
EXACTO, JACOBO. ESO ES EXACTAMENTE LO QUE ERES TÚ.
Mucho ruido. Ninguna propuesta. Mucho titular. Ninguna solución. Mucha pose. Ningún resultado.
Y lo peor de todo: que te rodeas de gente buena. Saray, Melián, Pancho, Yonathan. Gente válida. Gente que trabaja. Gente que sí ejecuta o ejecutó. Y tú, en medio, como un peso muerto, arrastrando tu ego inflado y tu incapacidad de gestión.
Porque, Jacobo, las palabras vuelan, pero las obras permanecen. Y tú solo tienes palabras.
Las carreteras de Lanzarote siguen llenas de baches mientras tú escribes artículos extraños y misteriosos anunciando algo que seguramente saldrá adelante como un "superlogro" tuyo, pero eso ya no le vale a nadie más que a ti y los dos que te sonríen.
Has tenido oportunidades y se te han escapado. Como nos ha pasado a muchos de nosotros. La vida es dura, Jacobo. Y si no que se lo pregunten a los que tú en su día señalaste con el dedo y Astrid ejecutó sin piedad.
Hoy te toca a ti.
Pollice verso: el pulgar hacia abajo
Los emperadores romanos tenían una forma muy gráfica de decidir el destino en la arena. Extendía su brazo y giraba el pulgar. Pollice verso. El pulgar hacia abajo. La sentencia de muerte.
Tú, Jacobo, estás en la arena. Y el pulgar del emperador ya no apunta hacia arriba.
Mejora la estrategia. Y no te dejes mal aconsejar.
Aunque, sinceramente, creo que ya es tarde para ti.
El último puente está roto. La madera cruje. Las aguas ya no están tranquilas.
Pollice verso, Jacobo.
