Lanzarote III, Lanzarote IV y Janubio, fuera de juego por los cortes: el agua de la isla, en el alambre

Los cortes eléctricos no han parado desde el cero energético del sábado. El lunes volvieron a tumbar desaladoras, el martes también, y el Consorcio del Agua ya ha presentado una reclamación formal ante la Dirección General de Energía del Gobierno de Canarias. El mensaje es el que nadie quiere oír en una isla que bebe de la desalación: cada vez que se va la luz, Lanzarote se queda sin producir agua.

Elpejeverde.com | Lanzarote, 7 de octubre de 2026

La cadena de incidencias que arrancó el sábado con un cero energético no se ha cerrado. Según explicó Cejas, este lunes la caída de un cable eléctrico dejó fuera de servicio la planta Lanzarote IV a primera hora de la mañana; tardó aproximadamente una hora en recuperarse. Alrededor del mediodía, una nueva incidencia eléctrica afectó a Lanzarote III, a las instalaciones portátiles y a Janubio, y en ese caso fueron necesarias unas dos horas para restablecer el funcionamiento. El martes se repitió el patrón. Son cortes distintos a los de principio de semana, y esa es precisamente la parte que inquieta: no es un episodio aislado, es una secuencia.

Por qué un corte de luz se convierte en un corte de agua

Lanzarote produce la totalidad de su agua potable mediante desalación, y la desalación depende de un suministro eléctrico continuo y estable. No es una metáfora: cuando cae la tensión, las plantas se paran en seco. Y volver a arrancarlas no es cuestión de pulsar un botón. Hay que poner en marcha las plantas, recuperar los niveles de los depósitos y estabilizar las redes de distribución, un proceso que puede llevar horas y, en los casos peores, días.

Ahí está el problema de fondo que denuncia el Consorcio: cuando las interrupciones se repiten antes de que el sistema haya terminado de recuperarse, el proceso vuelve a empezar desde cero una y otra vez. El sistema hidráulico nunca llega a estabilizarse del todo. Y cuando eso ocurre, la consecuencia es inevitable: la suspensión de la distribución de agua a los vecinos. Un servicio que, conviene recordarlo, no es un lujo.

La reclamación: que alguien explique qué está pasando

El Consorcio ha llevado la situación a la Dirección General de Energía del Gobierno de Canarias y ha pedido una investigación inmediata. Quiere que se determinen las causas de estas perturbaciones, que se recabe información de los operadores implicados y que se establezcan medidas para evitar que esto se repita. En paralelo, asegura que está documentando todas las incidencias ante posibles daños, lo que en lenguaje administrativo significa que se está preparando el terreno por si hay que reclamar responsabilidades.

El principio que defiende el Consorcio es sencillo y difícil de rebatir: la producción de agua potable es un servicio público esencial que necesita suministro eléctrico estable y continuo, y las interrupciones reiteradas no pueden asumirse como normales. Esa última frase es la clave de todo el asunto. Porque el riesgo real, en una isla acostumbrada a resolverlo todo con parches, es que esto acabe formando parte del paisaje: que los apagones se vuelvan rutina, que las desaladoras paren y arranquen como quien enciende y apaga una bombilla, y que los vecinos terminen aceptando que el grifo funcione según sople el sistema eléctrico. Lanzarote no puede permitirse normalizar eso.


Vista aérea de Lanzarote, una isla que depende íntegramente de la desalación para su abastecimiento de agua potable / Fotos: Elpejeverde.com