
Angel Váquez
Mientras en Ferraz se acumulan los juzgados abiertos contra el entorno de Pedro Sánchez, en Lanzarote se ha montado un escándalo porque el hijo del consejero de los Centros Turísticos sacó, compitiendo con otros candidatos durante casi dos años, una de las 15 plazas de fregador convocadas. Hay algo que no cuadra en la proporción.
Elpejeverde.com | Editorila
Vamos a contar esto sin medias tintas. A Ángel Vázquez no lo une a este digital, y menos todavía a nuestro programa de radio, ningún favor pendiente ni ninguna deuda de gratitud. Nunca ha sido de los que llaman. Nunca hemos contado con su apoyo, y las pocas veces que lo esperamos, casi siempre faltó a la cita, como si la memoria se le hiciera corta o, sencillamente, como si sus prioridades llevaran tiempo repartidas en otra parte. Y precisamente por eso, porque no le debemos nada ni él nos debe nada a nosotros, podemos contar esto con la conciencia tranquila: la verdad no se reparte según la cercanía, se reparte según la justicia que a cada uno le corresponde, y esta vez le corresponde a él.
Lo que de verdad ha pasado
Los Centros de Arte, Cultura y Turismo (CACT) convocaron en enero de 2024 15 plazas fijas de fregador. El proceso se judicializó por una denuncia sindical, quedó parado meses y se reanudó en junio de 2025 cuando el juzgado desestimó la demanda. Entre los aspirantes estaba Gabriel Vázquez Díaz, hijo del consejero delegado de la entidad, Ángel Vázquez. En julio quedó provisionalmente excluido por falta de documentación, subsanó el defecto, hizo el examen de conocimientos (20 sobre 20, la nota máxima, compartida con otros aspirantes), sacó 11 sobre 20 en la prueba práctica -por detrás de dos candidatos- y 19,20 sobre 20 en la entrevista. Con todo sumado, quedó séptimo de los trece seleccionados, con 55,25 puntos, lejos de la máxima (71,85) y por delante de la mínima (50,03).
La resolución final lleva la firma de Ángel Vázquez, como todas las que salen de la entidad que dirige. Desde los CACT insisten en que esa firma es "formal y procedimental", que da validez administrativa al documento, y que quien evaluó cada prueba fueron los técnicos de Recursos Humanos, en los que el consejero dice tener delegadas sus competencias desde hace tiempo "para favorecer la imparcialidad y la transparencia".
La pregunta que sí hay que hacerse
Aquí no vamos a hacer como que no existe el problema de fondo, porque sería no contar la verdad: la Ley 40/2015 obliga a abstenerse a cualquier cargo público cuando un hijo participa en un proceso que él mismo preside o firma. Ángel Vázquez debió, como mínimo, dejar constancia por escrito de esa abstención aunque delegara de hecho en sus técnicos, y no lo hizo. Eso es un fallo de forma que cualquier auditoría le señalaría, y que él mismo debería reconocer en vez de despacharlo solo como "formal y procedimental". Dicho esto, un fallo de forma no es lo mismo que un proceso amañado, y los datos públicos -exámenes con nota, clasificación con puntos, candidatos mejor y peor situados que el hijo del consejero- no dibujan una plaza regalada, sino un concurso real en el que, además, Gabriel Vázquez no fue ni el primero ni, en una de las tres pruebas, de los mejores.
Lo que no es de recibo
Donde si creemos que algunos se han pasado de frenada es en llevar esto al terreno familiar. Vázquez lo dijo con razón: "se puede juzgar mi gestión al frente de esta Entidad, pero no está justificado involucrar a la familia en una campaña de desprestigio". Un hijo que se presenta a una oposición pública, hace tres pruebas y obtiene una nota que lo sitúa en mitad de la tabla no es noticia por sí solo en ningún ayuntamiento , diputación o cabildo de España. Lo sería si hubiera entrado sin examen, sin puntuación o saltándose a candidatos mejor calificados. No es el caso que reflejan los propios documentos oficiales.
Y conviene recordar algo más, por mucho que incomode: el nepotismo en la administración pública española no es cosa de un partido ni de un color. Un estudio reciente contabilizó 266 casos de este tipo en ayuntamientos y diputaciones de toda España en los últimos 25 años, repartidos entre gobiernos de todos los colores.
Y si quisiéramos, podríamos ir más cerca todavía. Si alguien se sentara hoy a rascar, nombre por nombre, apellido por apellido, quién de los que han presidido o aún presiden algo en el Cabildo de Lanzarote tiene parientes colocados en la función pública, le saldría una fiesta parecida a las que algunos de esos mismos partidos montaban en plena campaña electoral. Ahí estaría la rosa, estaría la penca, y estaría casi toda la flora de ese abanico inagotable de siglas y colores que ha gobernado esta isla en las últimas décadas. Y, que quede dicho por favor: a ninguno de esos nombres lo hemos visto nunca, que se sepa, fregando un plato ni limpiando los baños que usan los visitantes de los Centros Turísticos.