Carlos Espino (PSOE de Lanzarote) y Jorge Peñas (Izquierda Unida Canaria Lanzarote), autores de los dos artículos / Fotos: PSOE de Lanzarote e IUC Lanzarote

Carlos Espino (PSOE de Lanzarote) y Jorge Peñas (Izquierda Unida Canaria Lanzarote), autores de los dos artículos / Fotos: PSOE de Lanzarote e IUC Lanzarote


El PSOE de Lanzarote e Izquierda Unida publican en 24 horas sendos artículos sobre Ceuta. Espino compara los setenta mil que entraron con los setenta mil muertos de Gaza; Peñas arranca en Sajonia-Anhalt. Ninguno propone una medida concreta para Canarias.

Elpejeverde.com | Lanzarote, 7 de septiembre de 2026

Dos artículos de opinión firmados por dirigentes de la izquierda insular han llegado a las redacciones en menos de veinticuatro horas. Los dos hablan de Ceuta. Y los dos lo hacen mirando a otro sitio.

Carlos Espino, del PSOE de Lanzarote, titula su texto Setenta mil y construye toda la pieza sobre un paralelismo: las setenta mil personas que entraron en Ceuta y los setenta mil muertos que atribuye al "régimen genocida de Netanyahu" en Gaza. Sostiene que ni el derecho de defensa de Israel ni el derecho español a controlar sus fronteras carecen de límites, y sitúa ese límite en los Derechos Humanos. Cierra preguntándose si quienes "siembran odio" son "estúpidos o malvados".

Jorge Peñas, coordinador insular de Izquierda Unida Canaria, abre el suyo en Alemania. El domingo la AfD ganó las elecciones de Sajonia-Anhalt con el 45% de los votos y hundió a la CDU al 16,5%, cifras que Peñas recoge y que los escrutinios confirman. Desde ahí llega a Canarias, al cayuco procedente de Gambia con 128 personas a bordo y 45 supervivientes, a Ceuta y a la vivienda. Reivindica el trabajo de la ministra Sira Rego, el traslado de 500 menores a la Península y el crédito extraordinario de 25 millones de euros.

Lo que dijeron el miércoles y lo que escriben el domingo

Hay un dato que ninguno de los dos textos menciona. El pasado 2 de septiembre, unas 2.000 personas se concentraron frente al Ayuntamiento de Arrecife en apoyo a Ceuta, dentro de la convocatoria de la Federación Española de Municipios y Provincias que respaldaron más de 300 consistorios. El PSOE no se sumó oficialmente. Su portavoz en Arrecife, Alfredo Mendoza, justificó la ausencia en que su partido no quería "politizar" un asunto que se estaba tratando "por los cauces legales".

Cuatro días después, el PSOE de Lanzarote distribuye a los medios un artículo sobre Ceuta que compara la crisis con Gaza y termina llamando estúpidos o malvados a sus adversarios. La coherencia entre no querer politizar el miércoles y publicar esto el domingo es, cuando menos, discutible.

Ni una medida para Canarias

El segundo hueco es más llamativo. Canarias lleva años en primera línea de la ruta atlántica. Los dos artículos lo reconocen. Ninguno de los dos propone una sola medida concreta para las Islas. Peñas pide vías legales y seguras, cooperación con los países de origen y reparto solidario de responsabilidades, todo ello competencia europea y estatal. Espino no formula ninguna propuesta. Las decisiones que sí dependen del Cabildo y de los ayuntamientos que estos partidos gobiernan o codirigen no aparecen en ninguno de los dos textos.

Los dos artículos, íntegros

Elpejeverde.com reproduce a continuación, sin cortes ni edición, los dos artículos de opinión remitidos a esta redacción. 

ARTÍCULO DE jORGE PEÑAS

La marea reaccionaria y los diques de la esperanza.

Frente al avance de la extrema derecha europea y la crisis habitacional y migratoria en Canarias, la izquierda debe abandonar la resignación y construir poder popular basado en la justicia social, el ecologismo y la defensa de lo público.

Por Jorge Peñas
Coordinador Insular de Izquierda Unida Canaria (IUC) Lanzarote.

Hay días en los que la política parece empeñada en darnos malas noticias. En Sajonia-Anhalt, la extrema derecha de Alternativa para Alemania (AfD) ha rozado el 45% de los votos, mientras la CDU se desploma al 16,5%. El resultado coloca a una formación, que los propios servicios de protección constitucional alemanes consideran extremista de derecha, a las puertas de gobernar por primera vez un Land. 

No deberíamos mirar hacia otro lado. La extrema derecha avanza cuando consigue convencer a quienes sufren de que su enemigo no es quien concentra la riqueza, especula con la vivienda, precariza el empleo o destruye los servicios públicos, sino quien tiene otro color de piel, otra religión o nació al otro lado de una frontera.

Esta operación política no es nueva; lo inédito es la dimensión que está adquiriendo. Como escribió Antonio Gramsci, hay que combinar el pesimismo de la inteligencia con el optimismo de la voluntad. El primero nos obliga a reconocer la gravedad del momento. El segundo nos impide resignarnos. Porque sí: estamos ante una marea reaccionaria. Pero las mareas también bajan.

Canarias sabe demasiado bien lo que significa mirar al mar
Esta misma semana, el archipiélago ha vuelto a contemplar una tragedia que ningún ser humano debería aceptar como normal. Un cayuco procedente de Gambia, con 128 personas a bordo, permaneció casi un mes a la deriva en el Atlántico. Cuando fue localizado al sur de Gran Canaria, apenas quedaban 45 supervivientes. Más de 80 personas habrían muerto durante la travesía, entre ellas una bebé.

No son cifras. Son nombres. Son madres, padres, hijos, hermanos. Son personas que tuvieron que elegir entre quedarse sin futuro o jugarse la vida en un océano convertido en cementerio.

Aquí debemos ser claros: una política migratoria progresista no puede consistir ni en fronteras abiertas sin planificación ni en convertir las fronteras en fosas comunes. Europa necesita vías legales y seguras, cooperación real con los países de origen y tránsito, políticas de desarrollo y una distribución solidaria de las responsabilidades.
 Lo que no podemos aceptar es que el Mediterráneo y el Atlántico operen como herramientas de disuasión letal. Cuando las rutas se hacen más peligrosas, no desaparece la necesidad de emigrar; solo aumenta el número de muertos. Y mientras tanto, algunos pretenden transformar cada cadáver en combustible electoral.

Ahí radica una de las grandes batallas de nuestro tiempo: no permitir que el sufrimiento humano se convierta en odio de clase, racismo o xenofobia.

Proteger a los menores es proteger nuestra democracia
La situación de Ceuta merece una reflexión serena, lejos de la intoxicación. Una ciudad sometida a una enorme presión migratoria necesita apoyo del Estado, recursos, coordinación institucional y solidaridad del conjunto del país. Pero, sobre todo, necesita que nunca olvidemos una evidencia elemental: un menor es un menor antes que migrante.

En este terreno merece reconocimiento el trabajo de la ministra de Juventud e Infancia, Sira Rego. Ha defendido algo tan sencillo como revolucionario en estos tiempos de demagogia: que los niños y niñas no pueden ser utilizados como instrumentos geopolíticos ni como enemigos internos. Su Ministerio ha planteado el traslado a la Península de 500 menores a través de entidades especializadas y ha impulsado un crédito extraordinario de 25 millones de euros para aliviar la situación en la ciudad autónoma. En el Congreso, Rego lo expresó con una claridad que deberíamos reivindicar: no hay que discutir si un niño merece tener derechos.

Esta mirada debe extenderse a toda la juventud. Hablar de jóvenes no puede reducirse a los menores migrantes. Nuestros jóvenes canarios necesitan vivienda, empleo digno, acceso a la cultura, salud mental y un proyecto de vida que no les obligue a marcharse de las islas. Una política progresista debe proteger a todos: a los nacidos en Ceuta, en Lanzarote, en Berlín o en Bamako. La solidaridad no es una debilidad del Estado; es su mayor fortaleza democrática.

La contradicción monumental de Canarias.
Llegamos así al problema que más directamente estrangula nuestra realidad canaria: la vivienda. ¿De qué sirve decirle a una joven lanzaroteña que estudie y trabaje si después no puede pagar un alquiler? ¿De qué sirve presumir de récords turísticos si quienes limpian las habitaciones, conducen los taxis o cuidan de nuestros mayores no pueden vivir dignamente en su propia isla?
En julio, Canarias registró 8,9 millones de pernoctaciones y unos ingresos hoteleros de 507 millones de euros. Lanzarote lideró la ocupación. ¿Dónde está entonces el problema? En cómo se reparte esa riqueza y quién soporta sus costes sociales y ecológicos.

El turista no es nuestro enemigo. El problema es un modelo económico que convierte el territorio en mercancía, la vivienda en activo financiero y el suelo en oportunidad especulativa.

 Canarias no puede seguir funcionando como una gigantesca máquina de producir rentabilidad para unos pocos, mientras expulsa progresivamente a quienes la habitan.

Necesitamos límites. Límites a la turistificación y a la vivienda vacacional allí donde devora la residencia habitual. Límites a la ocupación del territorio y al consumo de agua. Una isla no es una hoja de Excel, una playa no es una cuenta de resultados y el territorio no es infinito.

El ecologismo no es enemigo del turismo; es enemigo del suicidio territorial.
Nos acusarán de estar contra el turismo. Es falso. Estamos contra el turismo depredador. Queremos visitantes que respeten Canarias, trabajadores dignamente remunerados y empresas que generen riqueza real.

 Pero también queremos que, dentro de veinte años, siga existiendo una Canarias reconocible. El propio mercado ya muestra las costuras del modelo: la masificación y el calor extremo están modificando los patrones de viaje. La pregunta no es si debemos recibir turistas, sino cuántos, dónde, cómo y para beneficio de quién. Eso es ecología política y defensa del interés general.

Volvamos a Alemania. Sajonia-Anhalt no está "tomada por inmigrantes" (la población extranjera apenas representa el 7,9%). Sin embargo, la extrema derecha ha capitalizado el coste de la vida y el miedo para ofrecer un chivo expiatorio. 

La lección es clara: ante la dificultad para llegar a fin de mes, puedes explicar quién es el verdadero responsable o puedes ofrecer un enemigo.

La extrema derecha ofrece enemigos. La izquierda debe ofrecer poder popular. Más vivienda pública, mejores salarios, fiscalidad progresiva, control de monopolios, defensa del territorio y democracia económica. 

Como resumió Jean-Luc Mélenchon: “Nuestro éxito es haber convencido a la mayoría de que el problema son los ricos, no los árabes”.

No nos resignemos
Las multitudinarias movilizaciones recientes de la izquierda en Francia —como la congregación de miles de personas en Lille para debatir cómo frenar al fascismo y recuperar el control democrático sobre nuestras vidas— demuestran que hay alternativa. Frente al miedo, organización. Frente al odio, solidaridad.

Rosa Luxemburg escribió que “quien no se mueve no siente sus cadenas”. Hoy vuelve a ser imperativo movernos. En los barrios, en los sindicatos, en el movimiento ecologista, en los centros de trabajo y en las instituciones. La democracia se defiende cada vez que impedimos un desahucio, protegemos un servicio público, defendemos un espacio natural o acogemos a quien huye del hambre.

Canarias necesita valentía. Necesita una izquierda que vuelva a hablar de clase, igualdad, territorio y futuro, sin complejos y sin pedir perdón. Frente a la marea reaccionaria no basta con indignarse; hay que construir diques. Y esos diques se llaman democracia, justicia social y organización popular.

Jorge Peñas
Coordinador Insular de Izquierda Unida Canaria (IUC) Lanzarote.

Setenta mil  Artículo de opinión enviado por Carlos Espino 

A estas alturas no habrá quien no haya visto las tremendas imágenes de la entrada en Ceuta de más de setenta mil personas.

La cifra viene a ser casi igual a la de la población de Arrecife y con esa comparación quizás nos podamos hacer una idea más ajustada de lo que supuso esa entrada, al pensar en que toda Arrecife se vaciara prácticamente de manera instantánea.

Pero hay, también, otro caso con cifras muy parecidas: los asesinatos cometidos por el régimen genocida de Netanyahu en Gaza.

Si cuesta imaginarse a Arrecife quedándose vacía de repente, imaginar a más de setenta mil muertos es completamente imposible y quizás por eso, porque la cantidad de muertos nos desborda, la masacre sionista se va convirtiendo tan solo en un amargo recuerdo.

Un recuerdo reavivado ahora precisamente por la entrada en Ceuta. Reavivado por ver cómo se extiende el odio, cómo se deshumaniza a los más débiles.

Para la derecha, los setenta mil muertos de Gaza carecían por completo de valor ante el sacrosanto derecho de Israel a confundir interesadamente su derecho a existir con su intención de eliminar al pueblo palestino.

Igualmente, para la derecha nuestro derecho a controlar y defender nuestras fronteras no tienelímite alguno y puede imponerse a la obligación de proteger a los menores y otorgar un trato digno a quienes han entrado en nuestro país de manera irregular, mientras se sustancia, de acuerdo a la norma, su posible expulsión.

Pero lo cierto es que ni el derecho de defensa de Israel, ni el nuestro a defender nuestras fronteras, carecen de límites y tienen uno muy claro en el respeto a los Derechos Humanos.

Quizás por eso algunos se empeñan en deshumanizar por completo tanto a los setenta mil de Gaza, como a los setenta mil de Ceuta, dando rienda suelta a su odio, a su racismo y a su xenofobia disfrazados, en este caso, de defensa de la Patria.

Me pregunto si esos que siembran odio han pensado alguna vez en el día después de que consigan sus objetivos. No sé si en su delirio piensan que van a ser capaces de recoger el odio que han sembrado o pretenden seguir conviviendo con el odio.

Me quedo con la duda de si son estúpidos o malvados.