Héctor Fernández Manchado

Héctor Fernández Manchado


Opinión. 27 de Agosto de 2026

Los destinos turísticos más relevantes del mundo se encuentran en la difícil
tesitura de redefinirse, con el consecuente riesgo de no lograrlo y trasladarse a
la irrelevancia, momento previo a otro tipo de problemas de mayor calado.
Decir que Lanzarote es uno de esos destinos de éxito no es un ejercicio de
vanidad, es una realidad constatable, al mismo tiempo de hallarse en esa
coyuntura que marque nuestro devenir como isla, como territorio, como
sociedad y, finalmente, como destino turístico. El actual contexto global añade
todavía más incertidumbre si cabe, con dinámicas geopolíticas, climáticas,
económicas o tecnológicas nada halagüeñas.
¿Qué relación se establece entre este párrafo y Domingo Concepción, la
persona póstumamente homenajeada este fin de semana?
Desde esta humilde opinión, existe una estrecha conexión entre el ideario del
biólogo y el núcleo del debate al que se enfrentan hoy por hoy los destinos. Ese
ideario de Domingo no partía desde el radicalismo, el negacionismo hacia
cualquier tipo de desarrollo, la intransigencia con otros actores, o la
desconfianza hacia el establishment.
Sin pretensiones de adentrarme en el terreno político, hay que recordar que
Lanzarote fue pionera una vez más en abordar el debate, a gran escala, de su
estrategia turística (sostenible), allá en los años 2000, de definir el crecimiento
turístico con la fallida jurídicamente moratoria. Ese debate, abierto, muy plural,
bien estructurado en diferentes áreas temáticas, liderado por la Oficina de la
Reserva de la Biosfera, fue participado también desde el ámbito ecologista, que
ya había tenido un importante protagonismo frente a proyectos como Maciot
Sport, que pretendía urbanizar una amplia área muy cerca del Parque Nacional
de Timanfaya, con numerosos campos de golf. Por cierto, el rechazo a dicho
proyecto evidenció, a mi juicio, la clarividencia insular a la hora de defender un
modelo turístico acorde con ese medio que tanto defendió Domingo.
No estamos hablando de un simple biólogo, Concepción fue un agudo analista
de la realidad insular, de los equilibrios entre el despliegue turístico y la
estabilidad territorial, social y económica, que ya en aquel momento se
entreveían amenazados. Recuerdo vivamente los acalorados debates de esa
época, en el seno de los consejos de la Reserva, intentado consensuar la
estrategia que permitiera a Lanzarote avanzar por la senda de la sensatez,
apuntalando el modelo turístico que garantizase esos equilibrios que en estos
momentos comienzan a desbordarse. En calidad de presidente de El Guincho
ejerció como educador ambiental, desde la pedagogía y el conocimiento, frente
al resto de integrantes del tablero, quienes desde su posición abogaban por
una Lanzarote no siempre coincidente. Esa labor de educador fue el preámbulo
de su etapa como docente en la Escuela Universitaria de Turismo de
Lanzarote, de la que fui testigo un buen período, y pude conocer también su
luminosa faceta humana.
Gracias a Domingo Concepción aprecié la necesaria labor del ecologismo, creo
que muchas veces injustamente denostado, tildado siempre de posiciones
extremas, tal vez perjudicado por formas de expresión no convencionales. El
aprendizaje que en mí dejó fue que el valor de Lanzarote residía en su medio
natural, en su biodiversidad, y que su protección es un acto de fe, desde el
conocimiento profundo, desde la investigación y desde el análisis.

Por lo tanto, estamos ante un gran referente, de una extraordinaria dimensión,
cuyas tesis debemos poner encima de la mesa para discernir con más luz qué
Lanzarote queremos, como residentes y como gestores de un destino turístico
con un posicionamiento internacional que nadie duda. Concepción defendió
férreamente los ecosistemas humanos y animales de Lanzarote, como
principales baluartes de nuestra identidad y del mantenimiento del estatus que
como zona receptora turística queremos mantener a largo plazo. Si miramos a
nuestro alrededor, observamos destinos turísticos sin brújula, con
movilizaciones sociales preocupantes y justas (sin acceso a vivienda en dignas
condiciones), con pérdidas de su biodiversidad galopantes, con niveles de
congestión y saturación incompatibles con el bienestar vacacional, sin abordar
la muchas veces temida expresión de “capacidad de carga”, sin modelo
energético alternativo a los combustibles fósiles, etc. En Lanzarote no estamos
en esa disyuntiva, pero no está tan lejana ni nos debe sonar como algo remoto.
Tenemos la gran oportunidad de convertirnos en la gran excepción de los
destinos turísticos, mayoritariamente carentes de la filosofía y consenso
existente en Lanzarote acerca del modelo cualitativo que debemos impulsar.
Podemos alcanzar ese anhelado balance entre el bienestar ciudadano y el que
busca el más exigente visitante, abonando el alto precio que Lanzarote merece,
proporcional al valor natural y paisajístico con que contamos.
En la medida que el intelecto y los argumentos científicos de Domingo
Concepción estén presentes, Lanzarote conseguirá materializar esa gran
oportunidad.
Solo me queda felicitar a las personas y entidades organizadoras de este
homenaje y mostrar de nuevo mis condolencias a familiares y amigos, quienes
pueden sentir el orgullo por la trayectoria e influencia que ejerció esta
destacada figura.

Héctor Fernández Manchado