Uno de los podencos revisados por los agentes durante la inspección de la finca de Telde, en Gran Canaria / Foto: Guardia Civil

Uno de los podencos revisados por los agentes durante la inspección de la finca de Telde, en Gran Canaria / Foto: Guardia Civil


Una denuncia viral hablaba de 150 perros en pésimas condiciones y restos de animales muertos en una finca de Telde. La Guardia Civil inspeccionó el lugar: 40 podencos sanos, identificados y con las vacunas al día.

Elpejeverde.com | Lanzarote, 3 de agosto de 2026

Esto podría haber ocurrido perfectamente en Lanzarote, pero esta vez ha sucedido en Gran Canaria. Y conviene contarlo despacio, porque deja una lección que vale para todas las islas: no todo lo que se publica en redes es cierto, por muchas veces que se comparta.

La secuencia arranca con una llamada. Un particular alertó a la Guardia Civil de un posible caso de maltrato animal grave en una finca de Telde: alrededor de 150 perros en deficientes condiciones higiénico-sanitarias, restos óseos de animales y un intenso olor compatible con la descomposición. En paralelo, el denunciante difundió esas mismas afirmaciones por redes sociales, donde alcanzaron amplia repercusión. El juicio popular quedó visto para sentencia en cuestión de horas.

Lo que encontraron los agentes

Ante la gravedad del aviso, los agentes de la Patrulla de Protección de la Naturaleza de la Comandancia de Las Palmas se desplazaron de inmediato y, en una segunda fase, realizaron una inspección exhaustiva junto a la Policía Local de Telde. El resultado, punto por punto: 40 perros de raza podenco —no 150— alojados en tres perreras; ningún síntoma ni evidencia de violencia física; adecuado estado de salud, sin lesiones por falta de cuidados; todos correctamente identificados y con los tratamientos sanitarios obligatorios y las vacunas al día; y ni rastro de restos óseos, cadáveres o condiciones insalubres.

La conclusión de los agentes fue doble: no se apreciaron hechos constitutivos de infracción administrativa y no existen indicios racionales de ilícito penal que justifiquen abrir diligencias. La denuncia viral, sometida a inspección, se quedó en nada.

Denunciar sí, pero con hechos

Nada de esto significa que haya que dejar de denunciar. Al contrario. La propia Guardia Civil recuerda que la colaboración ciudadana es fundamental para alertar de situaciones de desamparo real, y los ejemplos de que funciona están ahí: en Lanzarote, una denuncia de la protectora que había cedido en adopción a un perro llamado Cadillac permitió al Seprona investigar a su dueña por sacrificarlo; en La Aldea de San Nicolás, el aviso de un ciudadano acabó este mismo año con la incautación cautelar de 29 perros que malvivían entre casetas de pallets y clavos; y en Antigua, en Fuerteventura, la colaboración de una organización contra el maltrato permitió rescatar a tres podencos en condiciones lamentables. Cuando la denuncia se apoya en hechos, el sistema responde.

El problema es el otro camino: el de la exageración. La misma nota de la Benemérita lo advierte con elegancia cuartelera al pedir que los avisos se basen "en hechos objetivos para garantizar una actuación policial eficaz". Porque cada denuncia inflada que se desmonta resta credibilidad a los casos reales, desgasta a los agentes que deben comprobarlo todo y siembra la sospecha sobre criadores y cazadores que tienen a sus animales como manda la ley. Y de paso, deja señalada en redes a una persona a la que ninguna inspección posterior le devuelve del todo el nombre.

La foto del podenco de Telde, mirando a cámara con las vacunas al día, es el mejor resumen: los animales hay que defenderlos con denuncias, no con bulos.