Maniobras militares en territorio insular y foto institucional tras la aprobación de la declaración de Lanzarote y La Graciosa como Zona Internacional de Cultura de Paz, en el Salón de Plenos del Cabildo / Foto: Elpejeverde.com

Maniobras militares en territorio insular y foto institucional tras la aprobación de la declaración de Lanzarote y La Graciosa como Zona Internacional de Cultura de Paz, en el Salón de Plenos del Cabildo / Foto: Elpejeverde.com y el Cabildo de Lanzarote


Elpejeverde.com | Lanzarote, 29 de julio de 2026 EDITORIAL

Hemos leído, o hemos intentado leer, todo lo que se ha podido sobre la declaración que el Pleno del Cabildo aprobó hoy por unanimidad: Lanzarote y La Graciosa, Zona Internacional de Cultura de Paz. Y después de tanto leer, este medio tiene más preguntas que aplausos.

Empecemos por lo que este editorial no va a hacer: escribir una sola línea contra los militares. En Canarias en general, y en Lanzarote en particular, la presencia militar siempre se ha querido y se ha respetado. No es una frase hecha: es la memoria de esta tierra. Generaciones de canarios han vestido el uniforme, han servido en los cuarteles de las islas y han hecho de lo militar una parte natural de la vida insular. Cuando arde un monte en Canarias, los que llegan son ellos. Cuando hay una emergencia, ahí están. El cuartel Marqués de Herrera lleva desde 1945 en Lanzarote dando trabajo, seguridad y vecinos a esta isla.

Cierto es que no todos lo ven así. Solo CC y algunos nacionalistas e insularistas han alzado la voz, de cuando en cuando, para pedir que el cuartel desaparezca. Normal: lo llevan en sus genes nacionalistas, y contra los genes no se legisla. Pero ya verán. El día que nadie quiere, si por aquí llega la sombra de algún conflicto, ya verán cómo se quedan lívidos y piden a gritos lo que antes rechazaban. Siempre pasa. La historia está llena de conversos de última hora.

Porque vayamos a la letra pequeña, que es donde siempre está la verdad. La declaración incorpora la voluntad de promover la adhesión institucional al llamamiento de ICAN en apoyo al Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares. Suena precioso. Ahora bien: España no ha firmado ese tratado. No lo firmará gobierne quien gobierne, porque la OTAN lo considera incompatible con la Alianza. Y aun así, aquí levantaron la mano todos.

Da hasta penita imaginarlos. Los del PSOE de Lanzarote, votando desarme nuclear un miércoles por la mañana. Como Margarita Robles se entere, más de uno va a recibir una llamada de esas que no salen en la nota de prensa. Los de VOX, el partido que pide más carros de combate y más gasto en Defensa, votando a favor de un texto de ICAN, nada menos. Como Santiago Abascal lo mire con lupa, les entra chorrillo a más de uno. Y los del PP, tan atlantistas ellos, tan de Alianza de toda la vida, firmando la foto de la paz nuclear. Como Feijóo le eche un vistazo al acta del Pleno, alguno se podría arrepentir de haber estado hoy tan generoso con la mano.

Los ejemplos sobran. Fuerteventura aprobó esta misma declaración, también por unanimidad, en julio de 2018. La respaldó el Parlamento de Canarias y casi todos sus ayuntamientos. Ocho años después, el campo de tiro de Pájara sigue disparando y Defensa ha ampliado terrenos en la isla. Cuando en un pleno majorero se pidió de verdad la desmilitarización, el PP presentó una enmienda para borrar ese punto. La cultura de paz duró lo que tardó en llegar la primera decisión real.

Y aquí, lo mismo. Este mismo año el Ejército desplegó patrullas en Lanzarote y La Graciosa dentro de sus operaciones de presencia y vigilancia. Nadie en el Pleno protestó. Nadie protestó tampoco en la calle, porque los lanzaroteños, como los canarios todos, ven pasar esas patrullas con la misma naturalidad con la que se saluda a un vecino. Esta isla es una bisagra geoestratégica entre tres continentes y alguien tiene que vigilarla. Pero entonces, ¿qué se ha declarado exactamente? ¿Una zona de paz con patrullas que todos aplauden? ¿Un desarme nuclear que los mismos partidos vetan en Madrid?

La conclusión: se aprobó una foto. Un gesto que no cierra un cuartel, no mueve un soldado, no firma un tratado y no compromete un euro. Las asociaciones que lo impulsan llevan más de una década trabajando y merecen que se les diga la verdad. Y a las instituciones les dejamos la advertencia, que para eso está un editorial: cuando la política se llena de declaraciones que no cuestan nada, lo que se declara no es la paz, es el postureo. Que nadie se sorprenda si dentro de ocho años, como en Fuerteventura, el papel sigue en un cajón y las patrullas siguen en la calle, saludadas por los mismos vecinos de siempre. Aquí siempre se supo, aunque quede feo decirlo en un Pleno: si vis pacem, para bellum.