
Amanecer tranquilo en la costa de Lanzarote. / EL PEJEVERDE
Mañana domingo se espera una jornada tranquila en Lanzarote, con cielos que bailarán entre nubes y claros bajo la influencia de unos alisios moderados. Las temperaturas rondarán los 24 grados en las horas centrales, mientras que por la noche el termómetro descenderá hasta los 18 grados, ideal para dejar las ventanas abiertas y que entre esa brisa fresquita que tanto agradecemos. No se prevén lluvias, así que quienes tengan planes al aire libre podrán disfrutarlos sin sobresaltos. El viento del norte soplará con cierta personalidad, alcanzando rachas de hasta 32 kilómetros por hora que mantendrán el ambiente agradable y la atmósfera limpia.
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La jornada de mañana traerá ese tipo de tiempo que los conejeros conocemos bien: ni demasiado sol para achicharrarnos sobre el piche, ni nubes suficientes para ocultar completamente ese azul intenso que caracteriza nuestros cielos. Se espera una combinación equilibrada, con momentos en los que el sol brillará con fuerza sobre los campos de lava y otros en los que alguna nube pasajera nos regalará un respiro. Los alisios del norte se encargarán de barrer cualquier rastro de calima, manteniendo el aire fresco y transparente, perfecto para divisar con nitidez las siluetas de las montañas de Famara o el perfil de La Graciosa desde cualquier mirador.
Viento y mar para los amantes del océano
El componente norte del viento, con rachas que podrán superar los 30 kilómetros por hora, hará las delicias de surferos y kitesurferos, especialmente en la costa noroeste. Caleta de Famara se vestirá de gala con olas consistentes y ese ambiente salado que invita a pasar el día entre la espuma y la arena volcánica. Para quienes prefieran planes más tranquilos, las playas protegidas del sur ofrecerán condiciones más relajadas, aunque siempre con esa brisa característica que mantiene el ambiente agradable incluso cuando el sol aprieta.
Temperatura perfecta para disfrutar la isla
Con máximas de 24 grados, mañana será una jornada ideal para recorrer los senderos que serpentean entre malpaíses y viñedos de La Geria, o simplemente pasear por los pueblos blancos sin sentir ese calor pegajoso que a veces nos agobia en pleno verano. La mínima de 18 grados durante la madrugada mantendrá las noches agradables, perfectas para cenar en alguna terraza costera escuchando el murmullo del océano. Una jornada típicamente primaveral que nos recuerda por qué esta isla volcánica es un regalo constante para quienes amamos la naturaleza en su expresión más auténtica y descarnada.