El campo del norte de Lanzarote, con una parcela de arenado al pie de la montaña. El minifundio y la orografía isleña marcan las condiciones de trabajo en el agro conejero. (Foto: Elpejeverde.com)

El campo del norte de Lanzarote, con una parcela de arenado al pie del volcán. El minifundio y la orografía isleña marcan las condiciones de trabajo en el agro conejero. (Foto: Elpejeverde.com)


Elpejeverde.com | Lanzarote, jueves 4 de junio de 2026

El campo canario tiene una orografía y un tamaño que no caben en el molde de una normativa pensada para las grandes vegas peninsulares. Esa es, en esencia, la cuestión que el Gobierno de Canarias ha llevado hasta la Inspección de Trabajo después de una serie de inspecciones a agricultores de Fuencaliente, en La Palma, y que tiene una lectura directa para Lanzarote y La Graciosa.

El viceconsejero de Sector Primario, Eduardo García, y el director general de Agricultura, Juan Ramón Rodríguez, se reunieron con el jefe de la Inspección de Trabajo y Seguridad Social de la provincia de Santa Cruz de Tenerife, José Trasobares, para trasladarle las condiciones particulares de las explotaciones isleñas. El origen estuvo en las actas levantadas en La Palma, donde se exigía a los productores cosas difíciles de cumplir por motivos ajenos a ellos: agua potable de red, aseos o zonas fijas de descanso en mitad de las fincas.

Quien conozca el campo de Lanzarote entiende el problema de un vistazo. En los llanos de La Vegueta, en las medianías de Haría y Máguez o en cualquier parcela del jable, mandan el minifundio, las pendientes y la falta de acceso a redes de abastecimiento en suelo rústico. Los ayuntamientos no siempre pueden llevar el agua ni dar licencias de construcción a parcelas de pocos metros. Y en La Graciosa, la situación se agrava por el propio carácter de la isla. Son, exactamente, las circunstancias que el Ejecutivo describió como extrapolables a casi todos los municipios agrícolas del Archipiélago.

La propuesta del Gobierno pasa por respuestas adaptadas a esa realidad. Donde no llega la red ni se puede levantar un baño, las cooperativas y entidades que manufacturan y comercializan la producción pueden ofrecer sus servicios a una distancia razonable de la finca, también para la descontaminación tras aplicar productos fitosanitarios. Y como mínimo, García planteó algo tan sencillo como tener siempre a mano una garrafa de agua potable para actuar ante cualquier emergencia.

En la reunión hubo otro asunto que en una isla de pequeñas explotaciones conviene no perder de vista: la seguridad con la maquinaria agrícola. La Inspección avanzó que va a intensificar la vigilancia en ese terreno, por las graves consecuencias que tiene un mal manejo de equipos y tractores. Tanto la Inspección como la Consejería coincidieron en el valor de todo lo avanzado en las últimas décadas en prevención de riesgos para quienes trabajan la tierra.

La conclusión, para el conejero que madruga a cuidar sus papas o su viña, es que proteger su salud y la de sus trabajadores no está reñido con defender que la norma se aplique con los pies en la tierra que pisa: la del minifundio, la pendiente y el viento.