La silueta de La Palma —alargada, estrecha, inconfundible— con el nombre

La silueta de La Palma —alargada, estrecha, inconfundible— con el nombre "Las Palmas" escrito en su interior. La capital de Gran Canaria puesta donde debía ir el nombre de una isla. Foto: Elpejeverde.com


La IX Romería Canaria en Madrid reunió este sábado a cientos de canarios en la capital con indumentaria tradicional, parrandas, el grupo herreño de chácaras y tambores y artistas como Pepe Benavente, Caco Senante y Besay Pérez. Todo fue emocionante, todo fue canario, todo fue nuestro. Hasta que llegamos a la Sala Changó de la calle Covarrubias y vimos lo que había colgado en las paredes: las siluetas de nuestras islas con los nombres equivocados. La silueta de La Palma llevaba escrito "Las Palmas". Y la de Gran Canaria, "Las Palmas de Gran Canarias". Con S al final. Dos errores. En el mismo sitio. En el día más canario del año. Organizados por nosotros.

Madrid | Elpejeverde.co

La jornada había empezado de diez. La ofrenda en la Catedral del Redentor, el paseo de los romeros por las calles de Madrid, cientos de personas vestidas con los trajes de cada isla, el sonido de las chácaras y los tambores del grupo herreño resonando en mitad de la capital de España. Eso es identidad. Eso es orgullo canario. Eso es lo que somos cuando nos lo proponemos.

Y nos lo habíamos propuesto. La IX Romería Canaria en Madrid, organizada por la Casa de Canarias y el Club Canarias, fue un éxito de convocatoria y de ambiente. Una fiesta que cualquier canario residente en Madrid necesita como el agua: ese momento del año en que la ciudad se tiñe de verde, amarillo y blanco, en que suena una parranda en medio del asfalto y uno recuerda por qué las islas tiran siempre.

El momento en que se paró el tiempo

Pero cuando la romería desembocó en la Sala Changó de la calle Covarrubias 42, donde estaba previsto el almuerzo canario y la verbena, algo interrumpió el jolgorio. Colgando de las paredes, como decoración festiva, había siluetas de cartón recortadas con la forma de cada una de las ocho islas. Una idea bonita, en principio.

Hasta que te acercas a leer.

La silueta de La Palma — esa forma alargada, estrecha, inconfundible para cualquier canario — llevaba escrito en su interior: "LAS PALMAS". La capital de Gran Canaria. Una isla confundida con una ciudad. El error más clásico, el que llevamos décadas reprochando a los locutores de los informativos nacionales, al presentador de turno que dice "Las Palmas" cuando quiere decir "La Palma" y al que ponemos verde en cuanto le pillamos.

Y la silueta de Gran Canaria — redonda, rotunda, también inconfundible — llevaba escrito: "LAS PALMAS DE GRAN CANARIAS". Con S al final. Gran Canarias. Que no existe. Ni la isla ni la provincia se escriben así. Son dos errores en cuatro palabras, en el cartel de la isla más poblada del archipiélago.

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FOTO: La silueta de Gran Canaria con el texto "Las Palmas de Gran Canarias" —con S final— en su interior. Doble error en cuatro palabras. Foto: Elpejeverde.coLo que nos llenaba la boca

Aquí viene la pregunta incómoda, la que hay que hacerse sin ánimo de herir a nadie porque la intención de la fiesta era buena y el esfuerzo organizativo fue real y notable: ¿cómo es posible?

¿Cómo es posible que en el acto más emblemático de la comunidad canaria en Madrid, organizado por las dos entidades que se presentan como referentes de lo canario en la capital, nadie revisara los carteles antes de colgarlos?

No es una tontería. O más bien: parece una tontería y no lo es. Los nombres de nuestras islas son nuestra seña de identidad más básica. Son lo primero que aprendes, lo primero que explicas cuando alguien de fuera no entiende que La Palma y Las Palmas son cosas distintas, que Canarias son ocho islas y cada una tiene su nombre, su historia y su gente.

Llevamos años — con razón — señalando a medios nacionales, a periodistas y a políticos peninsulares cuando cometen exactamente este error. Lo compartimos en redes. Lo denunciamos. Nos indigna. Y tiene razón que nos indigne, porque nombrar bien los lugares es una forma mínima de respeto.

Pero hoy, en el día de Canarias, en Madrid, fuimos nosotros.

Sin señalar con el dedo, pero señalando

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Nadie aquí quiere arruinar una fiesta que por lo demás fue hermosa. Pepe Benavente, Caco Senante, Besay Pérez, las parrandas, el grupo herreño, la gente vestida con orgullo. Todo eso fue real y fue nuestro y fue emocionante.

Pero precisamente porque fue tan nuestro, los carteles duelen más.

La lección no va dirigida a nadie en particular. Va dirigida a todos. A veces nos llenamos tanto la boca de ser canarios que se nos olvida serlo en los detalles. Y los detalles, en identidad, son todo.

El año que viene, "revisad" los carteles, como diría un peninsular.