Alternativa Ciudadana avisó hace catorce años pero los halagos por el derribo se los reparten hoy CC y PP

Imagen de hoy en Puerto Naos
Pejeverde
Ha caído el Muro de Berlín en Arrecife. O al menos, esa es la épica que nos intentan vender desde las instituciones el día de hoy . Las palas han empezado por fin a derribar el famoso "muro de la vergüenza" de Puerto Naos, y la clase política capitalina ha salido en tromba a comprar flores para lanzárselas por encima. Es un espectáculo maravilloso, y a la vez extraño, ver a algunos de nuestros dirigentes exigir un aplauso por solucionar una chapuza estética y urbanística de la que ya se les había advertido hace catorce años.
Para entender la magnitud de esta comedia, hay que desempolvar la hemeroteca, ese juez implacable que no perdona. Viajemos al 24 de septiembre de 2012. Por aquel entonces, mientras se levantaba esta aberración de cemento, Blanca Blancas y Domingo García, desde las filas de Alternativa Ciudadana 25 de mayo, presentaron una moción suplicando su "derribo inmediato". Advertían, con un sentido común que en Arrecife a veces parece ciencia ficción, que vallar la zona portuaria era "negarnos a los ciudadanos parte de nuestra historia y cultura", y se oponían tajantemente a que nos impusieran "la ceguera con la disculpa de la seguridad".
¿Qué hicieron las autoridades y los grandes partidos de la época? Mirar para otro lado, ignorar a Alternativa Ciudadana y dejar que el hormigón sepultara las vistas de la ciudad hacia su propio origen marinero.
Damos un salto temporal hasta el presente. Estos días el muro cae, y arranca el campeonato insular de colgarse medallas. Por un lado, sale Coalición Canaria en Arrecife deshaciéndose en elogios hacia los suyos. El teniente de alcalde, Echedey Eugenio, saca el incensario para aplaudir la "sensibilidad y gestión" de la presidenta de la Autoridad Portuaria, Beatriz Calzada. Faltaría más, todo queda en casa. Se felicitan mutuamente por haber "sabido entender" la importancia de integrar el puerto y la ciudad. Un entendimiento deslumbrante que, curiosamente, ha tardado casi tres lustros en llegar a los despachos.
Pero el festival no termina ahí. El alcalde, Yonathan de León, tampoco ha querido perderse la foto. Desde su púlpito, saca pecho recordando que él mismo reiteró la petición "hace ahora un año". ¡Un año entero! Menuda prisa supersónica para un muro que lleva ahí desde que se podía pescar bogas en el puerto. .
Del Partido Socialista, por ahora, no hay notas de prensa. Y casi que mejor. Un silencio prudente es la decisión más inteligente que pueden tomar para evitar sumarse a este sainete y ahorrarnos más carcajadas.
Nadie niega que tirar el muro es una excelente noticia para Arrecife. Recuperar esos miles de metros cuadrados y que Puerto Naos vuelva a asomarse al mar es un alivio inmenso para los ojos y para la dignidad de la ciudad. Pero el tono triunfalista e impostado roza el ridículo más absoluto. Reivindicar como un hito de gestión faraónica el simple acto de meter la pala para corregir una estupidez que nos han obligado a tragar durante catorce años requiere tener la cara del mismo material que el muro que acaban de derribar: de puro hormigón armado.