lunes, 23 febrero 2026

La pollaburra recupera el trono en El Reducto ante el exilio forzoso del bañista

Foto. Orilla de la playa arrecifeña

S.Calleja

Propongo desde aquí una medida revolucionaria, de esas de vanguardia que harían las delicias de cualquier cuentista : no abran la playa del Reducto en cuatro meses. Pidan ocho. Es más, pidan un año entero de clausura. Total, ¿quién necesita a residentes y turistas   en la orilla cuando podemos asistir al renacimiento de un ecosistema que creíamos perdido bajo el peso de las sombrillas?

Este pasado fin de semana, con un calor  y una marea que brillaba como la de la foto de portada, el espectáculo en El Reducto era sublime. Cientos de personas contemplaban el agua con la resignación del que mira un escaparate de lujo. Y mientras nosotros sudábamos en el jable, la vida salvaje celebraba su particular Carnaval. Las jacas han vuelto a sus charcos con una altanería renovada; los pulpos, esos enemigos de la fija , están contentísimos de no tener que esquivar pies inexpertos; y las "pollaburras"( pepinos de mar le llaman los de fuera) marcan de nuevo su territorio con la autoridad de quien sabe que el humano ha sido expulsado del paraíso por un vertido fecal.

Incluso los angelotes, esos tiburones tranquilos que tanto nos gusta proteger , deben estar desovando con una paz que ya quisieran para sí los vecinos del centro. Hemos logrado lo imposible: convertir nuestra playa principal en un santuario biológico gracias a la desidia pura y dura. Es una "gestión ambiental" accidental, pero brillante.

Sin embargo, hay un pequeño fallo en el guion. Si la idea es dejar que la naturaleza reclame lo que es suyo mediante la técnica del "no arreglamos el saneamiento ni aunque nos lo pidan de rodillas", ¿para qué seguimos gastando un duro en traer cruceristas? ¿Para qué promocionar Arrecife en Madrid como la puerta de entrada a una isla sostenible?

A menos, claro, que el plan sea venderlo como el destino más original del planeta. Imagínense el eslogan: "Venga a Arrecife, la ciudad que cuenta con la única playa del mundo donde nadie se baña" . Si no es eso, si no es una vanguardista estrategia de ecoturismo radical, entonces lo que tenemos es simplemente un ridículo espantoso. Hagan algo ya. O devuelven la playa a la gente o dejen de engañar a los que vienen de fuera con una bandera azul que, a día de hoy, tiene el color de la vergüenza.

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