El Castillo busca su hueco en la élite gastronómica con una nominación a los premios Qué Bueno Canarias

Pejeverde
El Castillo de San José estrena carta. Tras seis meses de pruebas en los fogones, el consejero de los CACT, Ángel Vázquez, ha presentado una propuesta gastronómica que busca elevar el nivel del restaurante ubicado en la bahía de Naos. Las imágenes distribuidas —como el cuidado emplatado de la Ensalada de 3 tomates o el Cremoso de papa— muestran un innegable salto cualitativo hacia lo que la entidad define como "alta cocina de autor".

Sin embargo, el relato político tropieza ligeramente con la carta. El discurso oficial insiste en que la propuesta se basa en el "producto local de calidad" y que refleja "qué somos como isla". Una declaración de intenciones que choca al leer las primeras líneas del menú: Croquetas de jamón ibérico, Cremoso de papa con pulpo a la gallega o Raviolis de merluza. Aunque hay guiños innegables al recetario canario, como la Gilda de cherne o el atún en salsa teriyaki, vender un discurso de estricta identidad insular cuando tus platos principales miran a la península es un ejercicio de funambulismo dialéctico.

En el apartado financiero, el Castillo saca pecho: cerró 2025 con unos ingresos de 672.282,71 euros, un crecimiento del 13,9% respecto al año anterior. Es un dato positivo que apuntala su reciente nominación en los premios Qué Bueno Canarias. No obstante, la hemeroteca de los Centros Turísticos nos obliga a ser cautos: históricamente, el área de restauración ha sido el agujero negro de la rentabilidad de la empresa pública. Aumentar la facturación es el primer paso, pero el verdadero éxito no se medirá en los premios de cocina moderna, sino en demostrar que esta apuesta por la "excelencia" no le está costando dinero al contribuyente lanzaroteño.