Lanzarote a Madrid: 40 Años Después del 12-1 España-Malta ¿Te acuerdas ?

S. Calleja
Madrid, 21 de diciembre de 2023. Hoy, a mis 53 años, miro atrás, hacia aquel diciembre de 1983, cuando un joven lanzaroteño de 13 años, yo, experimentó en Madrid un evento que se convertiría en una parte fundamental la historia personal y de la del fútbol español. Aquel frío invierno, recién llegado de la cálida Lanzarote, el Madrid de los 80, convulso y desconocido, me acogió en sus brazos, ofreciéndome un espectáculo que marcaría mi vida: el histórico partido de España contra Malta.
Había llegado a la capital, un escenario completamente diferente a mi tranquila isla natal. El colegio Francisco Arranz, en el barrio madrileño de San Ignacio, se convirtió en mi nuevo mundo. Aquí, entre las aulas y los patios, escuchaba relatos de un Madrid que luchaba por recomponerse tras los atentados continuos de ETA, un Madrid que buscaba su identidad en medio de una época de transición.
El 21 de diciembre de aquel año, en el estadio Benito Villamarín, se jugó más que un partido. Para mí, como para muchos, fue una lección de que los sueños, por más inalcanzables que parezcan, pueden hacerse realidad. España necesitaba un milagro para clasificarse para la Eurocopa, y lo consiguió con un abrumador 12-1. Ese resultado, más allá del deporte, fue un símbolo de esperanza para un país, y para un joven lanzaroteño que empezaba a entender su nuevo hogar.
Aquel partido fue un punto de inflexión no solo para la selección española sino también para quienes, como yo, vivieron ese momento en un contexto personal particular. Representó la superación de un pasado reciente marcado por la decepción del Mundial de 1982 y se convirtió en el preludio de una era de éxitos para el fútbol español muchos años después.
Al día siguiente, en clase, la celebración fue contagiosa. En aquel último día antes de las vacaciones de Navidad, se respiraba un aire de júbilo y unidad. Para mí, aquel jovencito que aún se adaptaba a las calles de Madrid, fue una demostración palpable de la pasión y el orgullo que puede despertar el deporte en un país. Hoy, 40 años después, aquellos recuerdos siguen tan vivos como siempre. Desde mi llegada a Madrid, desde esa fría pero emocionante época, he atesorado no solo el recuerdo de un partido legendario sino también la experiencia de un cambio personal y colectivo. El 12-1 contra Malta fue más que un marcador; fue el día en que un joven lanzaroteño, en medio de un Madrid en transformación, encontró un motivo para creer en lo imposible.