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Verde al peligro: Semáforo y paso de cebra, una combinación de riesgo en Arrecife

Foto.  Calle Eugenio Dors( calle del colegio ) , paso de cebra peligroso el de Manolo Millares 

S. Calleja

En la confluencia de la Calle Eugenio Dors con la Calle Manolo Millares en Arrecife, dos pasos de cebra, separados por apenas unos metros, están escribiendo una narrativa de riesgo y advertencia en el asfalto urbano.

La Calle Eugenio Dors, conocida por los lugareños como la arteria que emerge del histórico colegio Generalísimo, se abre paso entre las edificaciones con una luz verde intermitente que dicta el flujo de los vehículos. Sin embargo, esta luz que debería significar seguridad se ha tornado en señal de peligro.

A escasos metros, el recientemente pintado paso de cebra en la Calle Manolo Villares surge como un fantasma para los conductores: una sorpresa no anticipada que, a pesar de su clara demarcación, parece invisible para aquellos que, acostumbrados a la antigua sincronía de la vía, no esperan encontrar peatones cruzando en su camino.

En este escenario, los vehículos, embalados por la señalización verde, se encuentran súbitamente con la figura del peatón emergiendo a la derecha, en un juego de luces y sombras que ha estado a punto de terminar en tragedia. No una, sino varias veces, en el breve lapso desde que este nuevo paso de cebra se ha instalado, los peatones han danzado al borde del atropello.

 

 

Las fotografías, claras y contundentes, muestran la secuencia de los eventos: el semáforo se torna verde, los coches arrancan y, en una fracción de segundo, la tranquilidad se ve amenazada por el frenazo que precede al casi accidente.

La preocupación no es menor entre los vecinos, quienes han levantado la voz en un clamor unísono, alertando sobre el peligro que representa este diseño vial. La solución que proponemos parece simple, pero vital: reposicionar el paso de cebra unos 20 o 30 metros más allá, una medida que podría evitar que la fatalidad se plasma en las crónicas locales.

Mientras tanto, el paso de cebra continúa allí, como un recordatorio de que la adaptación a los cambios urbanísticos no siempre es instantánea y de que la seguridad vial es una danza delicada entre infraestructura, señalización y conciencia ciudadana.

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