Román Rodríguez: ¿Defensor de menores migrantes o estratega político oportunista?

S.Calleja
Aún resuena en el ambiente la solicitud formulada por Nueva Canarias-Bloque Canarista (NC-BC), donde su presidente, Román Rodríguez, ha pedido enfáticamente al presidente del Gobierno canario, Fernando Clavijo, que busque una modificación legislativa para la distribución obligatoria de menores migrantes no acompañados entre todas las comunidades del Estado español. Aunque la propuesta tiene sus méritos en el contexto actual, es inevitable mirar al pasado y comparar estas recientes demandas con las acciones pasadas de Rodríguez y su partido.
Cuando se navega a través del océano del tiempo y la política, surge una pregunta evidente: ¿Por qué estas medidas no se pensaron ni implementaron durante el periodo en que Román Rodríguez y su partido, NC, estaban gobernando junto al PSOE?
Ecos de Crisis Pasadas
Es crucial recordar que, durante el periodo de co-gobernanza de NC y PSOE, Canarias enfrentó una crisis migratoria significativa, particularmente impactante en Lanzarote, donde los menores no acompañados llegaron en números notables en el albergue de La Santa. La respuesta, o mejor dicho, la falta de ella, por parte de Rodríguez en esa época, se cierne como una sombra irónica sobre sus actuales exigencias a la administración de Clavijo.
Las declaraciones actuales de Rodríguez reflejan una firmeza y decisión que parecen estar en desacuerdo con su actitud pasiva durante su periodo como vicepresidente. Entonces, los menores migrantes llegaron, se enfrentaron a dificultades y la administración de la que era parte, según los registros, no implementó medidas comparativamente audaces o estructurales para enfrentar el desafío.
¿Consistencia o Cinismo Político?
Rodríguez y NC-BC actualmente critican la aprobación del traslado a la Península de un 10% de los jóvenes migrantes, alegando que esta es una solución dilatoria para un problema estructural. La exigencia ahora es clara: se pide una distribución regulada y equitativa de los menores entre todas las comunidades del Estado, asegurando que la responsabilidad y la atención humanitaria se compartan.
Pero, este tono activista contrasta notoriamente con la percepción de una falta de acción y compromiso palpable durante su propio mandato. ¿Es este un caso de cinismo político, o simplemente una evolución en la perspectiva y comprensión de Rodríguez sobre la crisis migratoria?
El contexto actual subraya una amarga ironía: donde Rodríguez y el NC-BC, estando ahora en la oposición, muestran un vigor y firmeza notables en abogar por los menores migrantes. Un vigor que muchos críticos argumentan, estaba ausente durante su propia temporada en el poder.
El dilema moral aquí es claro y, al final, el votante puede preguntarse: ¿Los políticos se mueven por una consistencia ética y política o las exigencias y posturas son simplemente herramientas de conveniencia en la eterna lucha por el poder y la posición?