La Ley de protección animal: En busca de la lógica perdida

Foto. Supermercado en Madrid ayer
S.Calleja
Bienvenidos a un episodio más de “Crónicas de la Incongruencia”, hoy toca el honorífico protagonismo a nuestra reciente estrella legislativa: la nueva Ley de Protección Animal. La normativa, envuelta en la más pura y celestial intención de velar por nuestros queridos compañeros, ha dado un salto hacia...bueno, hacia alguna parte, poniendo en práctica medidas que son, digámoslo de forma suave, sutilmente paradójicas.
Ahí lo tienen ustedes, el noble ciudadano que, tras un plácido paseo con su leal can, decide hacer una pausa en su camino para adquirir un pan crujiente, el sustento diario. Aparca momentáneamente a su amigo con ojitos de bueno en la puerta del establecimiento, asegurándose de que este cuente con su correa, su sombra y quizás un poquito de agua fresca para sancionar el buen comportamiento con una hidratación merecida.
¡Pero oh, cruel destino!, en un abrir y cerrar de ojos, el dueño del perro, ahora cliente en proceso de compra, es sorprendido por la implacable justicia que con la ley en mano, y sin piedad alguna, le impone una multa de 500 euros por... ¿proteger al animal? ¿O sería por comprar pan al aprovechar el pasea mañanero? Aquí comienza la apasionante búsqueda de la lógica.
Por otro lado, desviamos la mirada hacia el enigmático universo de los perros de caza, en donde algunas de estas criaturas, en circunstancias no tan lejanas, viven atadas, confinadas en espacios que rivalizan con las más minimalistas viviendas caninas del mercado, sin que una multa se asome por sus precarias moradas. ¿Acaso la ley ha perdido el olfato en estas geografías?
Este contraste tan peculiar sobre qué se sanciona y qué no, abre el debate (y la herida) sobre cuánto de lógica y coherencia está realmente siendo implementado en las regulaciones de protección animal. ¿Es justo que el ciudadano , que amarra por instantes a su perro en un entorno seguro mientras realiza una compra rápida, sea penalizado, mientras otros, en la oscuridad de la legalidad olvidada, perpetúan prácticas mucho menos amigables hacia sus animales? ¿ A quién se le ocurrió sacar a los perritos de caza de la ley ?...¿Lo sabemos verdad?..Son esos que en nuestra isla de Lanzarote van pregonando lo buenos y sensibles que son con los animales, en fin..
¿Dónde está el límite? ¿La ley tiene dos caras, una que mira hacia la comodidad urbana y otra que se torna ciega en los escenarios rurales o específicos como el de la caza?
La ley, en su amplia y a veces errante sabiduría, parece haber omitido la realidad de que cada caso, cada perro y cada dueño son un universo aparte, que no puede ser encapsulado en una normativa rígida y carente de matices.
De repente, el dueño del pan y el perro se convierte en villano, mientras que otros actores, en escenarios menos visibles, perpetúan sus prácticas al margen de un escrutinio justo y necesario.
Querido lector, la ironía de esta crónica no busca burlarse de la necesidad imperante de proteger a nuestros animales, sino subrayar la importancia de que las leyes, en su noble andar, abracen la coherencia, la justicia y sobretodo, la lógica que nuestras amadas mascotas merecen.
Porque, al final del día, todos -sean compradores de pan o cazadores- queremos lo mejor para nuestros animales. Y eso, eso debería ser la esencia irrefutable de cualquier ley que pretenda abanderar su protección.