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Entre delirios de victoria y pérdida de apoyo: La extraña retórica de Román Rodríguez

S. Calleja

 

En la reciente nota de prensa emitida por el presidente de Nueva Canarias-Bloque Canarista (NC-BC), Román Rodríguez, vemos el ejemplo perfecto de cómo interpretar la realidad de forma distorsionada, siempre a favor de las propias conveniencias. Es cierto que los matices de la política no siempre se traducen bien en el blanco y negro de los titulares de prensa, pero es imprescindible un mínimo de honestidad al retratar los acontecimientos, especialmente en una situación post-electoral tan delicada.

Rodríguez parece vivir en un mundo paralelo donde la pérdida constante de relevancia de su partido en las elecciones generales se traduce en una victoria. Señala, por ejemplo, que estuvieron "a punto" de ganar un escaño en el Congreso de los Diputados y que NC-BC es la "primera formación política en las islas orientales". Sin embargo, obvia el hecho de que a pesar de estas supuestas victorias morales, la realidad es que cada vez más votantes están eligiendo opciones diferentes a la suya.

Sorprende además su incondicional apoyo a Pedro Sánchez, quien perdió estas elecciones, y su menosprecio hacia el partido ganador. Más allá de la inevitable confrontación ideológica, este tipo de declaraciones suponen una falta de respeto a la voluntad popular, expresada en las urnas. Si bien Sánchez podría tener la posibilidad de formar gobierno, no se puede pasar por alto que el veredicto de los ciudadanos ha sido otro.

Rodríguez también habla de un "bloque ultraconservador y sus políticas involucionistas", pero falla en ofrecer un análisis serio y respetuoso de las ideas y propuestas de sus adversarios. Este tipo de lenguaje divisorio no aporta nada al debate democrático. En lugar de buscar puntos en común y trabajar juntos por el bien de Canarias y de España, parece más interesado en alimentar divisiones y tensiones.

La defensa de Canarias es, sin duda, un objetivo noble y necesario. Sin embargo, el discurso de Rodríguez carece de propuestas concretas y realistas para alcanzar este fin. Su apuesta parece ser perpetuar un modelo que, a juzgar por los resultados electorales, no convence a la mayoría de los ciudadanos.

La crítica a quienes, según él, se "ponen al servicio" de las estrategias estatales en detrimento de las islas es un golpe bajo y sin fundamento. ¿Acaso no es tarea de los representantes electos trabajar por el bien común de todo el país, Canarias incluida?

En resumen, es comprensible que Rodríguez busque encontrar puntos positivos en un escenario adverso para su partido. Sin embargo, sus declaraciones reflejan una desconexión con la realidad y un rechazo a la voluntad popular expresada en las urnas. En lugar de abrazar la retórica divisoria y la negación, sería más útil para él y para su partido reconocer los errores, aprender de ellos y trabajar para reconectar con los ciudadanos. Esa es la verdadera labor de un político responsable.

 

 

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