¿Rajoy 2.0? Dolores Corujo ausente en cuerpo, presente en plasma

S. Calleja
No hay nada más ilustrativo del carácter político de una persona que sus acciones cuando el foco público se enciende, cuando los actos y discursos se prefieren en titulares de los periódicos. Si tomamos este enfoque, entonces estamos viendo la evolución de un nuevo arte de la política en la figura de Dolores Corujo Berriel, la candidata del Partido Socialista al Congreso de los Diputados por la provincia de Las Palmas.
Dolores, lanzaroteña de pura cepa, usada, en un golpe de genialidad, no acudía anoche a la lectura del manifiesto en apoyo a las listas del Partido Socialista en Lanzarote. ¿Habrá algo más innovador? ¡Por favor! Que las convenciones y las reglas se queden para los mediocres. Dolores, fiel a su estilo, prefirió marcar el ritmo de la conga con su ausencia, elevando su estrategia al rango de arte abstracto.
Y es que Dolores Corujo Berriel no es una mujer de trivialidades. No, señores. Ella no se contenta con quedarse en una isla, aunque sea la suya. Prefiere repartirse equitativamente entre las islas de Gran Canaria, Fuerteventura y Lanzarote, sin que ninguna se sienta desplazada por la otra. Un enfoque salomónico que bien podría hacer sombra a la propia geografía.
Pero, eso sí, lo que no entiendo es su decisión de no acompañar a su compañero, el actual senador por Lanzarote y candidato al Senado por el Partido Socialista, Manuel Fajardo. ¡Dolores, Dolores! ¿Acaso no escuchaste las palabras de nuestro gran poeta John Donne, que nos dijo que ningún hombre es una isla, que cada uno es una parte del continente? Quizás ese noble sentimiento de camaradería lo haya olvidado en algún rincón recóndito de su amplia agenda política.
Y sí, quizás me dirán que ella siguió los pasos del tan crítico Rajoy, con su comunicación a través del plasma, ese invento del que el Partido Socialista tanto se mofó durante su campaña contra el Partido Popular. Pero yo digo: ¿y qué? ¿Acaso no es magnífico cómo Dolores reinterpreta el teatro político con una mezcla de desdén y gracia?
En definitiva, es admirable cómo Dolores Corujo Berriel nos está mostrando una nueva forma de hacer política, a través de su inasistencia y su peculiar manejo del espacio y del tiempo. En un mundo tan gris y predecible, qué alivio que existen personas como ella, que nos sacan una sonrisa, incluso cuando sus métodos resultan ser un rompecabezas para nosotros. Pero ¿no es acaso eso lo maravilloso de la política, siempre lista para sorprendernos y desconcertarnos?
Por eso, querida Dolores, te aplaudo y te animo a seguir adelante con tu peculiar ballet político. ¡Adelante con ese Carnaval! Porque, al final, y como decía la inolvidable Celia Cruz, la vida es un carnaval, y al parecer, también lo es el Congreso de los Diputados.