Betancort rompe moldes: Los lanzaroteños decidirán el sueldo del presidente del cabildo

S.Calleja
En una época donde la confianza en las instituciones políticas se desvanece y la desilusión parece ser la norma, resulta refrescante y alentador encontrarse con líderes como Oswaldo Betancort. En un movimiento audaz y ejemplar, el presidente del Cabildo de Lanzarote ha demostrado una valentía poco común y un compromiso real con los principios de transparencia y participación ciudadana.
Durante el pleno de la Corporación celebrado este martes, Betancort determinará que sea la ciudadanía la que decida, dentro de los límites legales, su salario. No solo ha validado el principio de rendición de cuentas, sino que ha dado un paso más allá, presentando un mecanismo de consulta popular para permitir a los lanzaroteños elegir entre una serie de opciones.
Este enfoque directo y sin precedentes no es una maniobra política superficial. Es un reconocimiento de que el poder reside en las personas y que es deber de un representante político rendir cuentas ante sus electores. En palabras de Betancort, viene "a resolver problemas", y es precisamente este tipo de liderazgo práctico y resolutivo lo que necesitamos.
El sueldo del presidente del Cabildo ha sido objeto de debate no solo a nivel local, sino también internacional. Sin embargo, Betancort ha abordado este asunto con honestidad y ha actuado de acuerdo con lo que estipula la ley. Ha elegido el salario mínimo legal, oscilando entre 92.000 y 104.000 euros, refutando cualquier acusación de codicia o malversación.
Sin embargo, su compromiso con la transparencia va más allá. Betancort ha propuesto que la ciudadanía decida su sueldo entre cuatro opciones: 104.000 euros, un euro más que el funcionario que más cobre (que rondará los noventa y pico mil euros), 92.000 euros o un sueldo razonable inferior a 87.000 euros.
Es innegable que el acto de Oswaldo Betancort es un paso adelante en la dirección correcta. Ha establecido un precedente de responsabilidad y transparencia, y ha demostrado una fe auténtica en la democracia y la participación ciudadana. Esta es una lección que muchos líderes políticos podrían aprender. Los lanzaroteños deben estar orgullosos de tener un líder que no solo habla de valores, sino que actúa de acuerdo con ellos. Sin duda, es un ejemplo a seguir.