Multiculturalidad y muerte en el mar: La indiferencia de Corujo y Fajardo Palarea ante la tragedia de las pateras

S. Calleja
Hagamos un viaje a nuestra isla de Lanzarote, donde ayer sábado, entre música, folklore y gastronomía de más de 14 naciones, María Dolores Corujo y Manuel Fajardo Palarea, adornados con sonrisas plastificadas, sellaban su “compromiso multicultural”. Un acto exquisitamente orquestado, casi a la perfección, si no fuera por el eco muy cercano de las olas del mar Atlántico, devolviendo en pateras los cuerpos de aquellos que buscan un futuro mejor.
Oh, sí, no hay "muro que frene a quienes no tienen nada que perder", según las palabras de Corujo. Pero ¿qué sucede con aquellos a quienes el mar ya les ha arrebatado todo? ¿Es ese el tipo de control al que se refiere la socialista? Los muertos no interesan, eso es cosa de fascinerosos y de los del discurso del odio, nosotros amamos a los inmigrantes que no hacen ruido y nos sonríen.

Parece que en este triste relato, las palabras de Corujo y Fajardo Palarea parecen más aptas para una obra de teatro de la antigua Grecia que para una realidad que tiñe las costas de nuestra isla de desesperanza. La ironía, sin duda, sería un instrumento de gran valía si no estuviera salpicada de la tragedia humana que supone la muerte de inmigrantes antes de tocar tierra conejera o canaria.
No son ellos, por supuesto, los titiriteros del desastre. El Gobierno de Pedro Sánchez, al igual que el humilde siervo que se inclina ante su rey, parecería arrodillarse ante los caprichos del monarca marroquí, olvidando su deber de apoyar a los desprotegidos. ¿Son espías o mala política exterior los causantes de este abandono a los problemas de la inmigración en barquillos? La pregunta parece perdida en el mar de la indiferencia.
Pero mientras las pateras sigan zozobrando en las aguas de Lanzarote y las muertes de mujeres embarazadas y niños se conviertan en una estadística cruel, los festivales multiculturales, las palabras de inclusión y la promoción de la diversidad no son más que una más de las caras del cinismo de la izquierda para cubrir la roca volcánica de la desidia y la deshumanización.
El multiculturalismo, cuando se practica con autenticidad, es una vía para enriquecer y fortalecer una sociedad. Sin embargo, cuando se utiliza como una capa de barniz para disfrazar la falta de acción ante el sufrimiento humano, se convierte en un cómplice silencioso de la tragedia.
Corujo y Fajardo Palarea, sus palabras son hermosas, pero el eco de las olas ahogadas en el Atlántico habla mucho más fuerte. ¿Dónde está su compromiso con los realmente marginados y desposeídos? ¿Será este un caso de multiculturalidad selectiva?
En el horizonte de Lanzarote, mientras se celebra la diversidad, la sombra de la patera sigue siendo un fantasma persistente. Y, como siempre, el mar, ese cruel y eterno espectador, no olvida.